Etna

Sicilia • 16 de agosto de 2010

El Etna ha podido conmigo. O más bien la comida o cena de ayer. Lo pasé mal en la subida. Pero subí.

Nos levantamos temprano y cogimos el coche para llegar al aparcamiento desde el cual se sube al Etna. Como es carretera de montaña, nos llevó mucho tiempo llegar, a pesar de que la distancia no era mucha. La primera parte del recorrido la hicimos en telesilla. Ya arriba decidimos seguir andando. Digo decidimos porque, aunque no lo sabíamos, puedes subir en un autobús adaptado. Hacía mucho viento, así que alquilé un abrigo. Ceci en cambio ha venido mejor preparada y ya traía ella. Sin más empezamos a subir. La subida al Etna es fácil, es larga pero tendida. El paisaje es árido, no hay ni un árbol. Pero lo peor es la gravilla, cuando se levanta el viento hay que echar cuerpo a tierra y aguantar.

Como digo, yo me encontraba mal, así que no llegamos hasta arriba. Sólo llegamos a la Torre del Filosofo, 2920 metros.

Ceci en el Etna

La bajada fue más sencilla, pero al volver al hotel para poder descansar me encontré con la sorpresa ¿agradable? de que mi bocadillo no era de atún con tomate, sino sólo de tomate: un precioso bocadillo de pomodorino.

La tarde fue relajada. Aprovechamos para ir a ver el castaño de los cien caballos, al que se puede ir andando desde el hotel. Es un árbol con historia, tiene 4000 (sí, cuatro mil) años. Un señor árbol:

Castaño de los 100 caballos

Mañana más, y seguro que mejor.