Cracovia

Centroeuropa • 5 de agosto de 2011

Tuvimos que levantarnos pronto para arreglar el asunto del parking. Ayer dejamos el coche en un parking que, en teoría, era 24 horas. El señor que lo vigilaba no hablaba inglés y lo que entendimos era que hoy teníamos que volver para retirar el coche y volver a meterlo… o algo así. Cuando llegamos el vigilante era un chico joven, que obviamente no tenía ni idea de lo que nos había dicho otro, nos dijo que pagáramos ese día y que mañana pagásemos el de hoy… o no, a saber, porque este tampoco hablaba inglés.

Fuimos en busca de un kantor y después de recorrer 80000, yo que soy peor que un topo, leí mal el cambio en uno y perdimos dinero en el cambio (lo más grave fue que miré el cambio en el cartel de la calle, luego pregunté al hombre que me dijo que mirase el cartel y luego remiré en la calle) Salí bastante disgustada al darme cuenta de mi error pero ya era tarde, así que nada.

Después de arreglar lo del parking fuimos a desayunar. Buscamos algún sitio chachi por el Rynek y como no encontramos nada que nos convenciese, fuimos a uno de los que nos recomendó la chica del hostal, que estaba muy bien… salvo por el hecho de que el desayuno polaco no nos gustó nada (eso sí, el chocolate muy bueno) Por los pelos no llegamos al “Free walking tour”, menos mal que no lo perdimos.

El chocolate, espeso

Nos contaron que los guías estaban muy cualificados (necesitan hacer un curso de 8 meses y pasar un examen de 3 días que sólo aprueban un 10%) Nuestro guía era un chico ateo que había estudiado “Estudios religiosos”, que consiguió hacer nuestra visita amena y “cultural” a la vez.

Visitamos:

  • Basílica de Santa María.
  • Plaza del mercado (y su nivel original)
  • Museo-galería de arte donde están habitualmente un cuadro de Da Vinci y un Rembrandt.
  • Hotel de lujo de Cracovia antes llamado Boner al que cambiaron el nombre posteriormente para evitar confusiones.
  • Estatuas de la plaza, con monumento a la valentía y cabeza moderna incluidas.
  • Torre del ayuntamiento
  • Mercado de las telas, con esculturas feas porque no sabían hacerlas guapas y además eran a imagen y semejanza de los borrachos que salían del pub del ayuntamiento (con ventana a la sala de tortura)
  • Restos de la muralla, conservada para que no se les levantara la falda a las mujeres por los vientos del norte, no porque fuera histórica.
  • Bastión de defensa, con 7 puertas de entrada a la ciudad y jardines que rodean todo el lugar, que luego fueron copiados en Viena.Casa de los obispos y la famosa ventana de Juan Pablo II.
  • Castillo de Wawel, con sus capillas puzle, su imitación toscana con adaptación al clima polaco, y el punto oculto para cargarse de energía (1 de los 7 chacras del mundo)
Cracovia
  • Dragón lanzallamas, símbolo de la ciudad.

Acabamos muertos, pero muy satisfechos con la visita. Para comer fuimos a un sitio cerca del Rynek y tomamos comida típica polaca: Claudio se pidió un “bigos” y yo unos pierogi de carne, que son como raviolis.

Ahora sigue escribiendo Claudio.

El bigos es un pote comestible a base de cebolla, chorizo, morcilla, alguna hoja tipo berza o similar y algo que le da un toque picante. Los pierogi de Ceci son similares a los ravioli italianos pero con la pasta como más gorda, son en mi opinión una versión mala de los ravioli pero Ceci se los comió todos.

Corrimos después de comer para llegar al tour de por la tarde, otro tour gratuito esta vez por el barrio judío.  El barrio judío, a diferencia del Royal tour de por la mañana, sólo merece la pena con guía, si te cuentan las cosas porque bonito lo que se dice bonito no es. Pero tiene mucha historia.

El tour empezó delante de la primera sinagoga del barrio de Kazimierz (luego contamos un poco sobre él) donde el guía, que participa todos los años en el festival judío pidió a 7 voluntarios que se unieran a él, para bailar un baile típico judío. Ceci se unió y hay un vídeo que lo atestigua. Después recorrimos el barrio y sus distintas sinagogas (distintas según sean de judíos ortodoxos o liberales)

Para empezar, Kazimierz era una ciudad separada de Cracovia formada por los judíos tras su primera expulsión. Había judíos en Cracovia porque cuando los empezaron de echar de todas partes en el siglo XVI con las inquisiciones en España, Francia, Italia, etc en Cracovia pasaban del tema y eran tolerantes, ignoraban las órdenes papales. Entonces judíos de otras partes vinieron y se prosperaron. Per o la situación duró poco porque en el siglo XVII se tomaron medidas, aunque suaves: simplemente se les prohibió tácitamente vivir en Cracovia, sólo se les dejaba trabajar, así que crearon Kazimierz.

Había 68.000 judíos en Cracovia antes de la segunda guerra mundial, una de las comunidades judías más grandes del mundo. Tras la guerra quedaron unos 3000. Actualmente hay unos 200 dispersos por la ciudad, no se sabe donde viven. El ejército liberador rojo es el responsable de la bajada en el número de judíos desde 1945. Como los americanos apoyaron a Israel, los soviéticos se volvieron un poco antisemitas. Odian a los rusos por aquí, no sólo por eso, cuentan que en la II Guerra Mundial el 30% de los polacos murieron por el “Ejército Liberador”.

Como Oskar Schindler es famoso gracias a la película, fuimos por sitios por donde se rodó la película y también a la fábrica. Hay controversia en la vida de Schindler (parecida pero no igual a la que se muestra en la película) sobre si era un buen tipo o no. Tenía múltiples amantes y era un vividor espía de los nazis. Pero salvó la vida de unos 1100 judíos.

Lo que no sabemos, ni parecen saber aquí, es por qué la película se hizo sobre Schindler. Hubo otros salvadores de judíos, alguno salvó más vidas que Schindler. Eso sí, no todos los polacos eran hermanitas de la caridad con los judíos, también los había que no lo eran y – eso les honra – los guías dejaron claro eso.

Antes de la visita a lo de Schindler vimos dos monumentos bastante cursiosos. El primero es una explanada cuadrada de unos 60x60 con sillas metálicas grandes dispuestas en forma de cuadrícula. Son sillas vacías, cargadas de simbolismo, es un monumento triste en recuerdo de los judíos que vivieron por allí. El segundo es un túnel para peatones que no es un túnel sino que en la parte de arriba tiene huecos que forman palabras que con la luz del sol se ven dentro del túnel. Las palabras son Auschwitz y Wieliczka y está ahí para crear controversia con las agencias de viajes, que ofrecen de una forma superficial en el mismo paquete las minas de sal de Wieliczka (impresionantes) y Auschwitz, también impresionante, pero allí murieron 1,1 millones de judíos. Monumentos curiosos, si bien el segundo es feo, un pasadizo-túnel de hormigón rodeado de maleza, ni siquiera hay foto.

Después del tour (3 horas) fuimos a un pub con más de 100 cervezas polacas diferentes, recomendados por el guía. Ceci, en su terapia de adaptación, tomó una cerveza negra semi dulce, semi amarga. ¡Y estaba buena! La primera mitad del vaso bajó muy rápidamente. Aunque luego hubo problemas y nos llevó más de una hora acabarnos la cerveza.

Volvimos al hotel dando un paseo largo, aprovechando para subir otra vez al castillo y hacer alguna foto. Había varias parejas  de recién casados haciéndose fotos por el lugar.

Mientras yo me duchaba, Ceci escribió la primera parte de este resumen. Luego fuimos a cenar, cenamos bastante bien en un lugar llamado Morskie Oko. Aunque el servicio era extremadamente lento.

En el camino entre el hotel y el restaurante vimos el ambiente de Cracovia. El Rynek está muy animado, muchas cafeterías, muchos turistas. Bien, causa buena impresión. Y además, Cracovia no da sensación de inseguridad, una ciudad agradable para pasear por la noche.

Por si no ha quedado claro de nuestras impresiones de ayer y hoy: Cracovia es digno de ver, se merece una visita, y mejor si es un día más de lo que le vamos a dedicar nosotros.

Mañana minas de sal y Auschwitz. Corto y cierro.