Höllóko, Danube Bend, Budapest

Centroeuropa • 9 de agosto de 2011

Salimos temprano rumbo a Höllóko, el “pueblo más bonito de Hungría”. Bonito es, no lo vamos a negar, pero si este pueblo es patrimonio de la humanidad hay unos cuantos en España que también deberían serlo.

Llegamos tras hora y media de coche más o menos sobre las 10 de la mañana y vimos el castillo. El castillo, la verdad, mucho mejor que el de Spis. Unas vistas preciosas del paisaje de alrededor, sólo paisaje porque casas hay pocas. Estábamos amenizados por un grupo de jóvenes que se estaban metiendo en el papel (luchas con escudos, simulacros de boda en el castillo, etc). Después paseamos por el pueblo, que literalmente son dos calles. Un empedrado bonito y casas cuidadas todas decoradas de manera similar con flores delante de las casas. Bien, causa buena impresión. El castillo está muy bien así que igual se justifica el desvío. Un comentario a parte es que en general todo lo que estamos viendo por Hungría desde el coche está cuidado, las casas pintadas, los pueblos limpios, etc. Bien.

Claudio

Seguimos ruta hacia el recodo del Danubio, quizá debería llamarse meandro. No es que tenga un nombre concreto en húngaro, al menos que sepamos. A lo largo del meandro hay pueblos con historia y bastante bonitos. “Visitamos” tres de ellos, entre comillas porque lo hicimos a velocidad del rayo. El primero que vimos fue Visegrad, donde comimos. Tiene una citadella (en la práctica un castillo) muy bien conservado y con unas vistas espectaculares sobre el Danubio. Se ven casas a lo largo de todo el río pero no muchas, no está masificado, muy bien. Menos mal que subimos a la citadella porque si no, el Palacio Real es una ruina comida por las malas hierbas.

El segundo al que fuimos se llama Ezrstegom (o algo así) y destaca porque tiene una basílica, centro religioso de Hungría, de un tamaño descomunal. No sólo es enorme si no que parece más grande porque está rodeada por casas bajas. Dentro de ella te sientes pequeño, sobre todo en las columnas que hay a la entrada. Alberga el tesoro húngaro, que no vimos, y alguna otra cosa más. Por dentro se ve que, sin ser austera, no es rica en arte. Por ejemplo no tiene vidrieras, simplemente ventanas. Y la cúpula es muy alta, entra mucha luz pro ella, más que en otras iglesias en las que yo haya estado. En este pueblo estuvo la capital política hasta que trasladaron el reinado a Buda.

Y el último pueblo al que fuimos es el más turístico de todos. Es bonito y tiene muchas tiendecitas de souvenirs. Ceci incluso se compró unos pendientes. Yo me tomé un helado. Quizá deberíamos haber pasado más tiempo pero estábamos un poco cansados y disgustados por lo del coche (ver el párrafo de malas noticias un poco más abajo). El pueblo se llama Szetendre.

En el recodo del Danubio

Después de eso llegamos a Budapest. Por donde nos trajo el GPS no impresiona mucho, ya que el centro lo evitamos, sólo llegamos a nuestro hotel (Palazzo Zichy). El hotel está en las afueras del centro, aunque sabré mejor cómo de buena o mal es su ubicación a medida que vaya conociendo Budapest. Está muy bien. La habitación, eso sí, es un poco pequeña. Y la entrada al parking es para valientes, se necesitan indicaciones y con un VW Golf hay que plegar los espejos para poder pasar por la entrada.

Día de malas noticias. En el camino hacia Szetendre había un bache enorme que no vi que pasé a unos 80 km/h. El resultado fue pérdida de un tapacubos y la llanta un poquito aplanada. El coche está bien, la rueda no está pinchada y no se notan vibraciones al conducir; en principio está asegurado sin franquicia contra todo lo que pueda pasar, pero con estas cosas nunca se sabe, espero que no me cobren nada. La segunda mala noticia ocurrió antes pero nos enteramos después: resulta que Ceci se olvidó una cartera en el hotel de Eger sin muchas cosas (tarjeta Iberia Plus, una tarjeta de crédito y ya, nada de dinero en efectivo ni DNI ni pasaporte) y vimos un email del hotel al llegar. Parece que se va a solucionar yque nos lo van a mandar por correo a España, a ver cuánto nos cuesta.

Ahora después de cenar hemos visto unos alrededores chachis y nos hemos tomado un cóctel estupendo. Qué bonita la vida de color de rosa.

Llegamos a Budapest