Yenisei

Transmongoliano • 14 de agosto de 2012

Teníamos intención de salir de casa a las 9, pero se nos alargó la cosa porque Svetlana nos hizo unas tortillas de champiñones, queso y una especie de cuajada para desayunar y coger energías.

Nos acompañó a la parada de bus y allí nos quedamos. 45 minutos después aparecimos en Divnogorsk y desde allí en teoría son 5 km hasta la presa.

Tras bajar del bus, buscábamos indicaciones de cómo llegar a la presa. A Claudio se le acercó un tipo y le preguntó algo en ruso. Claudio le dijo que no hablaba y entonces le dijo en inglés que si quería ir a la presa, que él iba a buscar un coche.

Sergei, que era el hombre, era un host de couchsurfing que alojaba a Kyle, un polaco que se hartó de trabajar en Londres y se ha cogido un año sabático para viajar por el mundo.

Sergei es un tipo peculiar. Un ruso de origen ukraniano que va por ahí en chándal, camisa de cuadros abierta, una mochila raída, una bolsa de plástico y chanclas. No sabemos a qué se dedica, pero sí que le gusta bastante lo del couchsurfing porque va a reuniones y esas cosas.

Consiguió un coche que nos llevase a la presa por 100 rublos; según él estaba a 15km, no a 5. Yo calculo que serán unos 7-10km desde la estación.

Resultó que en la bolsa llevaban un bote hinchable en el que pensaban volver a Krasnoyarsk. Escondimos el bote en unos matorrales (previo fumigue con un spray antigarrapatas de Sergei) y fuimos a dar un paseo. Primero hacia un barco que estaban subiendo a la parte de arriba de la presa; no llegamos  a tiempo, así que nos quedamos sacando fotos desde el puente con unas buenas vistas sobre esos imponentes muros.

En la presa de Krasnoyarsk
Subiendo el barco

La del Yenisei es la presa más grande en activo de Rusia. Se nota. Por cierto, hablando de energía: Claudio dijo que él era ingeniero de enería nuclear y Sergei le contestó que a él eso no le gustaba, porque fabricaban bombas nucleares siguiendo la carretera. Así sin más. Qué país este.

Intentamos subir a la parte de arriba, que antes estaba abierta al público con un ascensor, pero a Claudio y a mí se nos estaba haciendo tarde y tuvimos que dejarlos por algo que quería ser un camino… pero que no.

No se puede contar bien en palabras lo gracioso que resultaba Sergei. Hay unos sitios por donde él escala cerca de la presa que son peligrosos porque la roca se desprende. Él ahí va, en chanclas y sin equipo de escalada. No necesita. Él sí que es un súperviviente y no el del programa de televisión. Lo único que a veces usa como equipo para ayudarse son calcetines. Sí, calcetines. A veces tiene heridas en los pies, se pone unos calcetines y ya.

Tres caminantes

Claudio creía que Divnogorsk estaba cerca, así que nos dispusimos a volver andando. Por el camino, hicimos algunas fotos en la orilla del Yenisei. Pero la cosa se estaba haciendo demasiado larga, no teníamos mapa y la carretera no era tan sencilla, había bifurcaciones.

Afortunadamente, encontramos un taxi (este sí era un taxi y no como el que nos trajo). y volvimos a Divnogorsk por otros 100 rublos. Barato el transporte en esta parte de Rusia. Ya en Divnogorsk, coger el bus a Krasnoyarsk fue fácil, lo difícil estaba en Krasnoyarsk.

Contactar con Sveta es complicado, pero ella todavía tenía nuestras mochilas. Nos puso muy nerviosos porque no aparecía, pero finalmente apareció, aunque bastante tarde. La despedida fue muy triste para ella, se ve que le hacía mucha ilusión tener a unos españoles allí… pero perdíamos el tren. Nos indicó el bus que teníamos que coger hasta para ir a la estación y fuimos.

Próxima parada: Irkutsk.