Pekín

Transmongoliano • 25 de agosto de 2012

Sólo hoy haré mención a lo maravilloso que es el buffet del desayuno del hotel. Como bien dice Claudio, sólo le faltan las barritas de pan con tomate y ya sería perfecto. A parte de las cosas habituales tienes hamburguesas, sushi, sopas… toda la comida que te puedas imaginar y un trato fantástico.

Salimos un poco retrasados y llegamos con una hora de retraso respecto al planing a Tian Men, así que nos saltamos la visita a la tumba de Mao para ir directamente a la Ciudad Prohibida. Gente. Mucha. Pero mucha mucha. Muchísima. Hordas y hordas de turistas abalanzándose sobre una. Yo estaba bastante agobiada entre la gente y el calor (calor y contaminación infernales, que por algún motivo desconocido ayer no percibimos). La Ciudad Prohibida es un complejo de edificios gubernamentales y residenciales construído en el siglo XV que servía de residencia de los emperadores. Sirvió como tal desde que el emperador Yongle, de la dinastía Ming, trasladó la capital de Nankín a Pekín hasta el final de la dinastía Qing (1912).

Cogimos una audioguía y no estoy muy contenta con el resultado. Se supone que por wifi se conecta en los distintos puntos y ella sola te habla. Como no quieren que la gente coja una guía y la usen dos, te dan cascos para una sola oreja y la guía no tiene posibilidad de repetición. Puedo comprender lo que hacen, el problema es que la señora habla cuando quiere.

Si no coges la guía, puedes intentar leer los carteles explicativos que hay delante de algunos monumentos. Digo lo de intentar porque lo del chinglis, existe. Tenemos fotos de algunos carteles que todavía no hemos entendido.

?¿?¿?¿?¿?¿ Es muy grande, muy bonita y muy masificada. La visita es obligada, pero si volviese atrás, creo que no pagaría por ver las joyas. Hay muchas cosas de jade, así que son muy valiosas y muy poco llamativas.

Una vez fuera, fuimos al parque del emperador, la colina de Jingshan. Se trata de un parque situado detrás de la ciudad, muy grande y con un templo con un buda gigante en lo alto. Según entramos nos quedamos alucinados al ver a unas cuantas chinas bailando una especie de salsa versión oriental. Subimos a la colina y había unas vistas muy bonitas, si bien hubiesen sido aún mejores si no hubiese una mierda en el ambiente que impidiese ver más allá de 100  metros. La siguiente parada antes de comer era Tian Men, pero decidimos reposar un poco en el parque viendo a unos chinos practicar con sus diábolos.

Tian Men. La plaza más grande del mundo, tiene el tamaño de 3 Plazas Rojas. A Claudio no le ha gustado mucho, porque es poco diáfana. A los lados tiene unos edificios enormes, todos estatales; uno de ellos es el Museo de la República Popular de China, al que no pudimos ir porque no había tiempo. En el medio de la plaza está el mausoleo de Mao, visitable por las mañanas nada más. Hay también un monumento a los caídos en la Revolución Popular que liberó al pueblo del poder imperia y dos puertas, una al norte y otra al sur de la plaza. La más bonita es la norte, la Puerta del Cielo, a la que subimos. Cola para dejar el bolso en la taquilla (obligatorio), cola para sacar la entrada… las vistas sobre la plaza son muy buenas y recomiendo la visita, aunque quizás a otra hora, no a medio día, hora punta.

Llega la hora de comer y ya no podemos ni movernos. Llevamos buscando un rato un restaurante con un pato amarillo gigante en la entrada (recomendación de una amiga que vivió en Pekín). Al principio parecía tarea sencilla, una vez que ves la plaza entiendes que no lo es. Finalmente encontramos el lugar y nos pedimos un pato laqueado, plato típico pekinés. Menos mal que la camarera nos explicó cómo se comía, porque nosotros señalamos una foto en la carta y luego lo que nos trajeron no se parecía en nada. Te traen un pato asado y un cocinero te lo trocea delante de ti, viene acompañado de verduras con una salsa, una especie de tortitas de pan tipo pita y una sopa-agua sucia de bebida. Primero tienes que probar la piel del pato, mojada en azúcar y ajo. Una vez dado el visto bueno puedes coger la carne, envolverla modo fajita con las verduras y a comer… con palillos claro.

Teníamos pensado volver al hotel a descansar post-comida, pero no había tiempo así que fuimos directamente al Templo del Cielo. Precioso. Enorme. Allí iba el emperador entre dos y tres veces al año a pedir buenas cosechas. Los chinos dependían en gran parte de la agricultura y le daban mucha importancia. En la Ciudad Prohibida hay un edificio dedicado exclusivamente a las reuniones con los agricultores y en el Templo del Cielo los emperadores pasaban bastante tiempo rezando porque hubiese buenas cosechas (si no se consideraba que el hijo de los dragones había perdido su favor y ya no valía como emperador). Había un pasillo con soportales que cruzaba el jardín en el que había un montón de chinos jugando a las cartas, al go y otros juegos… con mucha intensidad. Lo bueno de este templo es que como es tan grande, si te alejas de la entrada en la que hay boca de metro, se reducen radicalmente los turistas. Los jardines están muy cuidados y merece la pena ir a verlo. Nota, llevamos todo el día riéndonos de los chinos y sus poses para las fotos, somos de la opinión que son una parte más de la atracción.

Antes de seguir con los planes hicimos una parada de media hora en el hotel para aprovechar la merienda y el café gratis.

Para la tarde noche teníamos la intención de ir a ver unos acróbatas. No reservamos las entradas con antelación porque el sistema es un poco extraño: llamas por teléfono, quedas con un señor que te da las entradas y pagas en efectivo. Como Claudio era un poco reticente a llamar a un chino extraño, fuimos con un poco de tiempo para sacar las entradas. Nos costó encontrar el sitio. Está en una zona de edificios altos y modernos, pero el teatro es muy pequeñito y está muy bien camuflado. Llegamos ya con la obra empezada, pero casi mejor porque nos dieron unos asientos buenísimos por el precio más bajo. El espectáculo nos encantó, especialmente los malabaristas y unas chinas que se subían en bici (al final de su parte había 11 chinas en bici).

Hoy no ha habido cena. Quisimos ir a por unas patatas al McDonalds después de la obra, pero no teníamos dinero en efectivo, no funcionaban los cajeros de alrededor… así que acabamor por dejarlo. A última hora intentamos reservar un tour para ver la Gran Muralla en su tramo de Mutianyu,  que se supone que es más bonito y tiene menos turistas. Llamamos a un par de compañías pero nos dijeron que ya era muy tarde para reservar, así que lo intentamos hablando directamente con el conserje del hotel, que muy amable nos dijo que nos pasáramos antes de las 7:30 am para ver si tenían plazas, que seguro que algo conseguía.