La presa de Krasnoyarsk

Transmongoliano • 15 de septiembre de 2012

Rusia es probablemente el país con mayores recursos hídricos del mundo. Tienen el lago Baikal, que es la mayor reserva de agua dulce del mundo y luego los increíblemente caudalosos ríos siberianos: Obi, Lena y Yenisei. En la parte europea está el impresionante Volga. Y esos son los famosos, porque también hay afluentes y otros ríos no menos increíbles, me vienen a la cabeza el Tom y el Angara. Más que la longitud, que también, impresiona su caudal.

El Rin por ejemplo tiene un caudal medio de 2.100 metros cúbicos por segundo. El Danubio 6.500. El Ebro, el más caudaloso de España, unos miserables 600. El Volga en cambio tiene 8.080, el Yenisei (el más caudaloso de Rusia), unos impresionantes 19.600.

Con todo este potencial, las presas rusas son también impresionantes, de las más grandes del mundo por producción eléctrica (por tamaño de la presa en sí no lo son tanto). Por poner en perspectiva, un reactor nuclear de finales de los 80 da unos 1.000 MW (megavatios), el nuevo AP-1000 de Westinghouse da unos 1.300 y el EPR de Areva dará unos 1650. Pues la presa de Krasnoyarsk da, atención, 6.000 MW pico. En Wikipedia hay una tabla en la que se puede ver la lista de presas más grandes del mundo. Por capacidad instalada es la séptima del mundo, aunque por energía producida baja hasta el décimo puesto.

La presa de Krasnoyarsk está a unos 40 km de Krasnoyarsk, río arriba por el Yenisei. Normalmente se puede visitar pero nosotros no pudimos porque otra presa del río Yenisei, más grande que esta, tuvo un accidente en 2009 con 75 víctimas mortales y desde entonces parece que hay más seguridad. Lo más impresionante de la presa, orgullo de la ingeniería soviética, es su ascensor para barcos. No es un sistema de esclusas, es un ascensor: el barco llega a la piscina y la piscina sube todo el desnivel de la presa en menos de hora y media.

Un barco baja del ascensor

Tan impresionante es el engendro que la presa es orgullo nacional soviético y está inmortalizada en el billete de 10 rublos.

Presa de Krasnoyarsk

Además de eso, la presa modificó el clima local, aunque todavía no he averiguado por qué. El caso es que tras la construcción de la presa, el Yenisei no se hiela en invierno (efecto que según Wikipedia se mantiene hasta unos 300 km río abajo). Esto Sveta, la chica en cuya casa nos quedamos, lo ve muy bien porque en invierno puedes ir directamente de la sauna al río sin tener que hacer un agujero en el hielo.

Lo mejor de la visita a la presa sin duda fue conocer a dos tipos (a los que quizá dediquemos una entrada): un ruso de origen ukraniano, Sergei, y un polaco con pasaporte inglés, Andrew. Sergei era el host que Andrew había encontrado a través de couchsurfing (como nosotros a Sveta) y le fue a recoger a la estación de tren, cogieron el bus hasta Divnogorsk, el pueblo más cercano a la presa, donde los conocimos. En Divnogorsk Sergei negoció con un local para que nos llevara hasta la presa, lo cual hizo por un módico precio. Y una vez en la presa su objetivo era ver la zona y luego volver a Krasnoyarsk en un bote hinchable que llevaba a modo de bolsa. Nosotros nos tuvimos que ir más pronto porque ese día cogíamos el tren a Irkutsk. Desconozco cómo les habrá ido en su aventura.