Día 3

Bolivia • 5 de marzo de 2013

Hoy me desperté a las 7, pero decidí remolonear hasta la hora de comer porque ayer me había acostado a las 4 y si no iba a estar muerta de sueño el resto del día.

Tras la comida fui con Pablo y con María a tomar un frushake al centro (zumo de fruta de temporada con yogur helado) y a dar una vuelta. La ciudad se queda muerta los domingos por lo que he observado, salvo la Plaza, que siempre tiene vidilla.

De ahí fuimos a Ciudad Alegría, Pablo a jugar al fútbol con otros voluntarios y María y yo a la piscina. Ciudad Alegría me ha causado muy buena impresión, es todo mucho más rural, más tranquilo… la verdad que yo preferiría vivir allí aunque estén más lejos del centro, si bien es cierto que a mí esto me viene mucho mejor mi lugar actual porque desde Palacio estoy a 10 min andando del hospital.

Las piscinas están hasta arriba de niños, pero son una maravilla. Yo me estaba dando golpes en la cabeza por no haberme llevado el bikini. Rezaba para que algún niño me empujase al agua y me cayese con ropa incluída. ¡Qué calor hace en este país! Allí estuvimos con Nicolás, Chelines, Mariela y Mónica pasando el resto de la tarde. Chelines nos contó que un día que estuvo ella de voluntaria, vendió 1800 entradas a la piscina. La función que tiene en el barrio es increíble, permite el acceso a un sitio hasta ahora inaccesible para los niños. La piscina para ricos vale unos 80 bolivianos, imposible para los niños del Plan 3000, aquí son 5 para los pequeños y 10 para los mayores y de esta forma están en una zona controlada en vez de en la calle.

De las piscinas volvimos a Palacio a arreglarnos para ir a la misa del domingo. Es muy interesante esto de las misas, las homilías son increíblemente críticas.