Día 7

Bolivia • 9 de marzo de 2013

Hoy como tenemos grupito de médicas desconocedoras de los demás proyectos (entre las que me incluyo), no toca hospital. Salimos algo tarde para que las recién llegadas pudiesen descansar, aunque no tardaron mucho en levantarse, porque con el jet lag el cuerpo le pide a uno levantarse a las 5, no a las 12.

Primero nos llevó Karen a ver Camino Nuevo y el mercado de Abasto. Camino Nuevo es un hogar para niños trabajadores. Allí se les ofrece apoyo escolar, ducha, un lugar para que laven su ropa… Uno de los voluntarios de la casa salió de allí, estudió, hizo la mili y ahora colabora con sus antiguos compañeros.

No sé si me impresionó más el mercado o el nivel académico de los niños. El mercado es como de película: un sitio enorme con puestos, puestos y más puestos. Abastece a todos los mercados de la ciudad, todo llega allí.  Me vino a la cabeza una frase de una canción “Portobello Road: donde se compra y se vende hasta el Sol”. Pues tal cual. El Sol, música, verdura, carne, ropa… todo amontonado, la carne y el pescado colgados de unos ganchos sin ningún tipo de refrigeración con el carnicero con un matamoscas en mano espantándolas para que no se posen muchas en la mercancía. Vimos un par de niños con carretillas, es un trabajo bastante común. Entre las 3 am y las 10 am los niños descargan camiones por una miseria o ayudan a la gente a realizar sus compras y las cargan en sus carretillas que luego acercan a sus coches. Cobran por bolsas, así que pueden tener la suerte de cargar cinco bolsas de papel higiénico o la mala de llevar cinco de sacos de patatas.

Los niños de Camino Nuevo son ahora en su mayoría de la asociación de niños carretilleros y van al hogar una vez que acaban su trabajo en el mercado. Los voluntarios suelen ir a primera hora de la mañana para ver si consiguen convencerlos para que se acerquen al hogar. No es tarea fácil, muchos desconfían o no están interesados en ponerse a estudiar después de la jornada laboral. También hay dos voluntarios que van una vez a la semana al mercado a las 3 am para comprar la comida que se utilizará en los comedores el resto de la semana.

La verdad que los chavales que conocimos eran todos encantadores. Eso sí, muy retrasados académicamente. Dos que no sabían leer con 10 años, ni escribir ni reconocer las letras tampoco. Uno de ellos me llamó mucho la atención porque estaba copiando el himno de Santa Cruz y me hizo pensar que sabía escribir hasta que le pregunté las letras. Después me di cuenta de que para él, el trabajo consistía el copiar un dibujo sin sentido. No sabía lo que escribía, sólo copiaba las letras.

Después de nuestro shock matutino nos llevaron a la casa a comer y de tarde acompañamos a Alix a ver a los niños de Mensajeros, un hogar donde los niños duermen de lunes a viernes. Por 50 bolivianos mensuales los niños tienen comida, cama y apoyo escolar, digo apoyo porque desde allí van al colegio normal en micro todos los días.

Son de lo que no hay, menudos trastos hormonados. Que si el de 12 años ya va teniendo por ahí sus encuentros con chicas y su amiga, también de 12, ya está embarazada… Luego tenemos a los chicos que en bachiller no saben hacer resúmenes o no saben lo que es una conferencia… estuvimos intentando ayudarlos con los deberes, pero creo que los revolucionamos más que otra cosa. Tanta chica buena no puede ser bueno.

De ahí los acompañamos a verlos jugar al fútbol y vuelta a casa