Problemas de digestión

Bolivia • 11 de marzo de 2013

El otro día escuché a una cooperante española decir: “es que hay cosas que no se pueden digerir, que por mucho tiempo que pase, van a seguir ahí clavándose en tu estómago”. Tiene mucha razón.

En este país hay cosas que son muy difíciles de comprender. La realidad boliviana te pega una bofetada que te deja tiesa muchas veces.

Nadie del primer mundo puede entender que un niño de 8 años tenga la espalda destrozada de trabajar; de levantarse a las 2 de la mañana para empezar a trabajar de carretillero en el mercado. Les pagan 20 bolivianos, unos dos euros por descargar un camión ellos solos. Un camión lleno de sacos de 20 kilos de patatas, sandías, melones y lo que toque. El otro día coincidimos con uno de esos niños carretilleros (que tienen como una especie de sindicato) que trabaja de 3 a 10 y luego va al centro de Camino Nuevo a ducharse, lavar su ropa y recibir apoyo escolar. Ese niño nos preguntó que de qué trabajaban los niños españoles de su edad. A ver qué le contestas a eso y a ver cómo lo digieres tú de camino a casa, porque eso es el pan de cada día en Bolivia.

También se te parte el alma con un niño que vive en un centro de acogida y cuando el fin de semana tiene que ir a casa te ruega que le dejes quedarse porque su padre es un borracho y le pega. O cuando dos hermanos de 8 y 12 años que han sido abandonados primero por su padre y luego por su madre, se ven absolutamente solos y tienen que pagarse su estancia en la casa de acogida, así que el mayor hace de cocinero para los demás unos días a la semana y el fin de semana cuando todos se van a sus casas ellos se pagan una habitación en el peor motel de la ciudad para tener donde dormir.

Y esos son los casos de los niños que han podido se recogidos y están en mejores condiciones, al menos durante la semana. También están los cleferos, los inhaladores de pegamento. Trabajan con pegamento y luego se hacen adictos, el otro día vimos a uno que se subió a un autobús completamente colocado, con la nariz todavía manchada de pegamento, cantando canciones para ganar algunas monedas, al más puro estilo Slumdog millionaire, sólo que esta vez de verdad.

Pero no sólo es dramática la situación de los niños, también de las mujeres. El otro día en el hospital tuvimos a una paciente de 26 años que desde pequeña había sido violada por su padre varias veces hasta que se armó de valor y abandonó su familia. Encima su madre la maltrataba por celos y sus hermanos por conducta aprendida de la madre también. La chica, epiléptica sin tratamiento, se había quedado con un ligero retraso mental  y no podía defenderse. Después de una crisis la dejaban sin comer 3 semanas, para ver si así se curaba.

El maltrato aquí es muy común. Este fin de semana me decía muy orgulloso el conductor que él sólo le había puesto la mano encima a su mujer una vez, ¡con el carácter que tenía!. Que se lo había merecido muchas más veces.

Nadie entiende que los niños sigan sin escolarizar trabajando, ni que las mujeres sean maltratadas. Nadie entiende que el Plan 3000 siga lleno de pozos negros y sin asfaltar. Nadie entiende nada, pero no cambian las cosas.

Lo que peor llevamos los nuevos aquí, es la impasividad del pueblo.

Así que toda la razón del mundo tenía aquella cooperante. Hay ciertas cosas que no se pueden digerir.