Excursión 2.0 Día 2

Bolivia • 21 de marzo de 2013

A las 6 en pie, ducha y taxi a la estación de autobuses de Sucre. Cómo no, asalto de los taxistas que te van tirando del brazo “ven a mi taxi” “¡No! Al mío”. Agobiante hasta decir basta. Nosotras regateando amenazando con que nos íbamos en flota (autobús) y que ahí se quedaban, ellos intentando timarnos por gringas (gringo = cualquier blanco). Finalmente conseguimos una furgoneta donde subimos las 6 y una séptima persona que se puso delante. Pagamos unos 25 bolivianos por cabeza para que nos llevase hasta Potosí, un trayecto de 2:30h.

No vi mucho en el trayecto porque yo me dormí casi nada más subir. De vez en cuando abría los ojos y decía, ahora montañas… ahora llano… uy ya estamos más altos… ahora muchas curvas… pero no tengo una idea muy clara de lo que vimos. Las otras me dijeron que el viaje se hizo muy pesado, con demasiadas curvas y bachata y reggaeton a todo volumen. El taxista nos dejó donde la ex terminal y nos dijo que para ir a la mina y a Uyuni teníamos que ir a la Nueva Terminal que podíamos bajar a pie. Nos engañó con todo. Estaba lejos y teníamos que bajar en autobús (además con la falta de oxígeno al estar tan altas, apenas podíamos movernos sin que nos diesen taquicardias); los taxis a la mina subían desde la ex terminal, no desde la Nueva y los autobuses a Uyuni igual. Como íbamos confundidas bajamos a la Nueva Terminal, subimos luego a la ex-terminal y allí cogimos un taxi para que nos llevase a la mina donde teníamos intención de contratar a un minero para que nos llevase de visita. Al llegar allí tuvimos que dar media vuelta porque resultaba que ya era muy tarde y ninguno nos iba a llevar, así que bajamos al centro turístico de Potosí donde contratamos un tour de la mina con Big Deal Tours. Zenón, fue un guía estupendo. Sobre la marcha nos contrató un taxi que nos llevó hasta la mina, nos equipó, nos dio el tour y nos llevó hasta la estación a la hora de coger nuestro autobús a Uyuni todo por 70 bolivianos por cabeza. Además nos consiguió un hotel en Uyuni y nos ofreció un tour para ir a ver el amanecer al día siguiente por 200 bolivianos.

Voy a hablar primero un poco de Potosí y luego ya de la mina. Potosí está a 4200 metros de altura y tiene dos partes: la antigua y la nueva. La nueva es caótica, sucia y con vidilla, es la antigua la que merece la pena. Recomiendo a los que viajen que compren pastillas de cafeína y aspirina para evitar el mal de altura. A pesar de haberlas tomado nos fatigábamos bastante al hacer pequeños esfuerzos y a un par de amigas incluso les dieron síntomas menores, supongo que sin la pastilla hubiese sido aún peor. En el Potosí de los conquistadores se distinguen también dos zonas, la de los conquistadores españoles y la indígena. La de los conquistadores es preciosa, grandes casas con balcones, patios, grandes iglesias… todo muestra de la opulencia adquirida con las riquezas del Cerro Rico. Lo más destacable es La casa de la moneda y no pudimos visitarla porque a la hora que estuvimos por allí estaba cerrada. La zona indígena no pudimos visitarla a a pie y la vimos desde el coche, es de calles mucho más estrechas y casitas más humildes. La gente es o mezclada o indígena y muchos hablan sólo quechua. En algunas zonas de Bolivia, especialmente en el occidente, sigue notándose un resentimiento hacia los españoles por la época de los conquistadores y el sometimiento de los indígenas. Es frecuente que te digan: ¿Dónde está nuestra plata? Dejaron pobre al Cerro rico… y todo cosas así.

De la que subimos a la mina pasamos por una tienda típica para comprar unos regalos a los mineros, como agradecimiento por dejarnos formar parte de su jornada laboral. Hasta 1985 los turistas no podían visitar las minas, después hubo una revolución y se empezó a consentir siempre y cuando los turistas llevasen algo para los mineros: dinamita, coca, cigarros, soda… Nosotros compramos dos bolsas de coca por 20 bolivianos, nos vestimos de mineras y subimos a la mina. No tienen nada que ver con las que yo había visto hasta ahora, acondicionadas para el turismo. Aquí la gente trabaja y encima sin casi nada de mecanización, es todo manual. A la entrada vimos un marco de madera lleno de manchas negras que nos dijeron que eran sangre de llama de los sacrificios que hacen para pedir suerte al Tío. El Tío es el dios de la mina, el demonio inventado por los españoles para hacer que los indígenas trabajasen. Tiene el aspecto de un demonio occidental rojo, con cuernos y patas de cabra con algunos añadidos como una larga barba imitando a la de los conquistadores españoles y un gran pene erecto indicando la fecundidad de la tierra. Los viernes son los días de ofrenda desde que se instauró. Se le ofrece coca, cigarrillos (si se fuma todo el cigarrillo se cumplirá tu deseo) y alcohol del 96º (típica ofrenda de fuego a la Pacha Mama).

Desde que el gobierno se salió de la explotación del Cerro Rico porque ya no la consideraba interesante, los mineros han creado sus cooperativas privadas y cada cierto tiempo invierten algo de dinero esperando poder sacar suficiente mineral como para que les sea rentable. Ahora ya no es el gobierno quien les da el material sino que son ellos los que compran la dinamita, los cascos… todo. En parte por eso ahora los turistas llevan esos presentes, para ayudarlos un poco con su inversión, que al parecer no es nada segura. En la mina o te arruinas o sales rico, nos dijo el guía.

La vida del minero en cualquier parte del mundo es muy dura. La vida del minero aquí es más dura que la del mundo civilizado por el simple hecho de que todo es manual. No hay dinero para maquinaria y no quieren inversión extranjera porque ya se llevaron bastante los españoles como para que vengan otros a sacar la riqueza de su cerro. No viven mucho los trabajadores, se mueren por causas mineras (gases tóxicos, desprendimientos o explosiones), enfermedades laborales (silicosis, asbestosis, cáncer de pulmón) o las sociales como las llamo yo (tabaco, coca y alcohol). Lo del alcohol se merece explicación separada: beben el alcohol de 96º que ofrecen al Tío mezclado con agua hasta que se acaba el agua y entonces lo beben en el tapón a palo seco. A+A llaman a la combinación con agua. Según nos contó Zenón es bastante común que los viernes cuando cobran los mineros salgan a beberse todo lo ganado y aparezcan el sábado todos tirados por las aceras de Potosí.

La visita fue cansada y hay que estar en forma porque entre la falta de oxígeno y que los accesos son malísimos (todo túneles estrechos por los que hay que pasar encorvado y grandes desniveles que se salvan escaleras de mano no fijadas a la pared). Estuvo muy bien porque pudimos ver a los mineros trabajando, arrastrando los carros llenos de mineral por unas vías parte de metal parte de madera, fumando dentro de la mina… muy auténtico todo.

No quiero sonar a drogadicta ni similar pero lo de la coca es increíble. Aquí está muy mal visto que las mujeres boleen (bolear es la forma tradicional de mascar coca, se van metiendo las hojas entre el carrillo y los molares hasta que haces una bola contundente que te anestesia la boca y que vas reactivando con lo que ellos llaman lejía). Tienen coca en todas sus formas: hoja, caramelos, chicles… lo que quieras y más. Te quita el hambre, el sueño y le cansancio, sin activarte demasiado como pasaría si te tomases muchos cafés.

Al acabar el tour comimos un sandwich en un restaurante al lado de la agencia del tour. Lo de que nosotras fuésemos boleando coca como dicen ellos nos ayudó mucho. No presentamos mal de altura y nos mantuvimos en pie y sin hambre a pesar de no haber desayunado ni comido.

Nos acercamos al mercado a hacer la compra de la cena al mercado principal y de allí nos bajaron en micro bus a la flota en la que iríamos a Uyuni. Los asientos eran grandes y reclinables así que el trayecto de 4 horas se nos hizo más cómodo.

Llegamos antes de tiempo y estuvimos esperando congeladas en Uyuni a que apareciese Fátima. Al final llegó un enviado suyo que nos llevó a nuestro hotel, un albergue de mochileros (muy en el estilo del turismo de Uyuni) llamado Hotel Avenida. Menos mal que tenían mantas en abundancia porque el frío que hacía era polar. Mañana a las 4:30 en pie, que a las 5 saldremos hacia el salar a ver el amanecer.