Ya es fin de semana

Bolivia • 31 de marzo de 2013

Voy una semana con retraso, pero aquí voy.

El viernes comimos en la Casa de Espiritualidad para celebrar la despedida de la hermana Ada, una monja italiana que lleva aquí 17 años trabajando. Se vuelve a Roma y luego probablemente a España. Dicen que hace unos spaguetti bolognesa para morirse, una pena que se vaya antes de que pueda degustarlos. Al final del evento se le regalaron unas flores y el sobrino de Joselino (el jefe de comunidades educativas)  y otro chico tocaron algunas piezas para violín y piano. Antes de irnos le ofrecí al chico darle algunas clases antes de volverme a España y hemos quedado para el miércoles.

Tras una dura semana de trabajo en el hospital, Agnes y yo decidimos tomarnos la tarde libre e irnos a la piscina porque hacía un día estupendo. Cómo no, seguimos con gafadas y se nubló. Fuimos al centro esperando encontrarnos a las chicas que creíamos que habían salido con los urólogos de la campaña, pero por mucho que estábamos allí apostadas, no apareció nadie, eso sí,  disfrutamos de una tarde a la boliviana, apalancadas en la plaza viendo la gente pasar. Volvimos a casa y contactamos con las chicas que ahora sí que estaban en el centro y allí regresamos para tomarnos una cerveza y comernos una pizza.

Os voy a contar un poco que es eso de los urólogos de la campaña. Con relativa frecuencia, se realizan campañas quirúrgicas en el Hospital Virgen Milagrosa. Campaña de urología, de cirugía general… la mayoría son cirujanos y anestesistas españoles que vienen una o dos semanas a operar gratis. La operación no es del todo gratuita ya que los pacientes tienen que pagarse los materiales (más o menos financiados en función de sus ingresos), pero ya sólo el hecho de poder ahorrarse el cirujano y anestesista es una maravilla.

Del fin de semana poco puedo aportar. Viernes por supuesto viacrucis.

El sábado tuvimos fiesta para despedir a las chicas. Previamente fuimos a ver al padre Vicente, un párroco italiano que organiza unos talleres para personas que trabajaban en el campo pero que debido al a tuberculosis no han podido volver sus labores y ahora se dedican a la artesanía. Allí compramos de todo: marcos de fotos, carteritas, llaveros, mochilas, bolsos, cajitas… todo con hilo y la tela de aguayo.

De noche volvimos a las cabañitas del camba en el cuarto anillo donde bailamos hasta sudar la gota gorda y cuando empezó a caer el diluvio universal nos fuimos a una discoteca que se llamaba Búfalo. Menudo circo, como dijo Pablo. Un sitio rarísimo, música mala que cantaba un tío asqueroso que se arrimaba demasiado a las gogós que bailaban bastante perdidas en un escenario, mucho humo (ya se me había olvidado lo que era humo en una discoteca), los tíos demasiado pesados para sacarte a bailar y el alcohol era matarratas. Desde luego no recomiendo el sitio.

De allí fuimos al Nesia, o Anesia o algo así, cerca de la catedral. Primero querían hacernos pagar 20 bolivianos por persona, una exageración teniendo en cuenta dónde estamos, así que después de apalancarnos en la puerta nos dijeron que 10 cada uno y entramos a una discoteca tipo alternativo con música electro donde deben de reunirse todos los modernos de la ciudad. Cuando ya nos estaban sangrando los oídos retiramos la mayoría aunque un par de valientes se quedaron apostando por las rockolas.

El domingo fue tranquilo también, nos levantamos tarde y comimos comida comprada en un colegio, hecha para recaudar dinero para tratar a un niño con leucemia. Por la tarde volvimos al centro cómo no, esta vez al mercado para comprar regalos de última hora. A mí me están haciendo sentir mal con tanto regalo para todo el mundo.

En general se puede decir que ha sido un fin de semana tranquilo, en comparación con tanto viaje de los anteriores.