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Bolivia • 17 de abril de 2013

Pues nada. Aquí seguimos. El fin de semana pasado no posteé nada porque no hubo nada relevante. Alguna compra en la Recova, un cafecito, ir a ver a los chicos jugar al fútbol… tranquilo y sin novedad. Vida comunitaria. El domingo hice empanada de bonito, mal no debió de salir porque no ha quedado ni un cachito. A los bolivianos no les debió de hacer mucha gracia por eso de que llevaba atún y aceitunas, dos ingredientes poco comunes en su dieta.

Esta semana un poco más de lo mismo. Curiosamente hemos tenido pocos pacientes en el hospital y no sé a que se debe porque ni estamos a fin de mes, ni llueve tanto.

Mi garganta ha empeorado, el jueves estaba tocada y de ahí ha ido a peor, especialmente después de la mojadura que cogí en la fiesta flamenca. El lunes, harta ya de las molestias le pedí al doctor Pérez que me recetara una penicilina intramuscular que me puso Virginia con mucho amor y mucha experiencia porque apenas noté el pinchazo. El martes la cosa parecía ir peor porque se me añadió un resfriado a las anginas pero poco a poco he ido remontando. Le pedí a María un jarabe para la tos tipo frenadol con codeína para las noches de lunes y martes porque no había forma de dormir la noche del tirón con aquellas toses y mocos.

El miércoles que ya estaba mejor, aproveché a medio día para ir a sacar dinero. Al parecer era algo peligroso lo de ir sola así que después de sacar, me guardé la mitad en un zapado y la otra mitad en otro y llegué sana y salva con todo mi dinero a casa.

Ese día por la noche Pablo nos presentó un resumen que había hecho de la conferencia a la que había asistido sobre la educación en Sudamérica y concretamente en Santa Cruz. Resultó muy interesante ver la pésima valoración que tiene la gente del sistema educativo. Aprendí que a pesar de que se supone que hay educación gratuita para todos, hay niños que se quedan fuera de ésta porque el propio gobierno impone unos cupos que lo hacen imposible (máximo 30 niños por aula obligando a algunos a desplazarse a un colegio lejano al que seguro que no acabará yendo).

El jueves vimos un debate sobre el Opus Dei tras la cena. Era una grabación de La Clave, un programa español de debate bastante antiguo porque todos fumaban, llevaban gafas de culo de vaso y los últimos datos de su CV eran de 1988. Muy interesante lo que aprendimos y la visión de Nicolás al respecto. El obispo no está nada a favor de sus prácticas e interpretaciones… por decirlo de alguna forma.

En el hospital la gente ya empieza a preguntarme cuándo me voy… ojalá me lo preguntasen menos, odio pensar en ello. No me quiero ir. Estoy muy a gusto aquí con mis enfermeritas, los médicos que ya me conocen y me dejan campar a mis anchas por emergencias. Hemos quedado en que el sábado voy al turno de la mañana y las chicas luego me llevan a comer Pique Macho a casa de Lenka que vive cerquita del hospital para despedirme. Bien majas que son estas chicas, las voy a echar mucho de menos. Virginia y todo lo que me cuenta sobre las paceñas (no la cerveza, las mujeres), Lenka, Vero… y a las de la tarde también. Ketty y Nelsy quieren sacarme de discoteca de despedida pero ya me he comprometido con los voluntarios, así que espero que nos podamos ver todos en el sitio de fiesta y solucionado.