Martes

Bolivia • 17 de abril de 2013

Ultima mañana en el hospital. Cargué en la mochila las cajas de bombones, las tarjetitas para las chicas con sus pendientes y en la mano me llevé mi fuente de arroz con leche.

No tengo palabras suficientes para expresar mi gratitud por el día de hoy y en general por mi estancia entera aquí en Bolivia.

Las enfermeras me han regalado una camisa chiquitana, hemos desayunado todos juntos parte de mi arroz con leche y empanadas que me habían comprado también. Todos hemos llorado porque odiamos las despedidas.

Por la tarde, otra vez lo mismo. Repartir cartas de despedida y los pendientes para las chicas que tanto me han enseñado, desde las costumbres bolivianas a cómo cortar, doblar y esterilizar una gasa. Ya no soy la chica perdida que llegó sin conocer más que las gasas que vienen ya preparadas en sus paquetes.

De noche también tuvimos cena, vinieron voluntarios de distintas casas a cenar y finalmente me obsequiaron con un bolso y me obligaron como es costumbre a dar un pequeño discurso de despedida.

La habitación está completamente recogida, se me hace raro verla así, sin mis cosas en las estanterías.