Miércoles y epílogo

Bolivia • 18 de abril de 2013

Después de desayunar vino Juana a recogerme para ir al aeropuerto. Antes de irme, Jose me ha regalado una pulsera y un collar hechos por él. Están perfectamente trenzados, le ha tenido que llevar su tiempo buscar las piedras y hacerlo. Otra vez vuelta a emocionarse antes de irme, estoy hecha una llorica.

No se han separado de mí hasta que he embarcado. Juana me ha tratado como una madre durante toda mi estancia y estaré eternamente agradecida por la oportunidad que me ha dado al dejarme trabajar en el hospital y por cómo me ha "vigilado", asegurándose de que estaba bien. Su labor es increíble, el hospital es lo que es gracias a ella.

He estado releyendo mis posts antiguos y me doy cuenta de todas las cosas que no he contado, pero es que si me parase a escribir todo lo que me ha pasado aquí en este tiempo no acabaría nunca.

Estoy en deuda con el PPHHNN, el Hospital Virgen Milagrosa y todos los bolivianos que se han cruzado en mi camino y me han cambiado la forma de ver el mundo.

Venir sola ha sido un gran acierto, creo que me ha servido para conocerme mejor a mí misma (sí, sé que suena muy metafísico). Si algo he sacado en claro de esta experiencia es que tengo que volver aquí a Santa Cruz y de voluntariado, muchas muchas muchas más veces.

La próxima vez espero tener más conocimientos y ser de más ayuda, porque en este viaje, siento que me han ayudado más ellos a mí que al revés.