Šibenik y Zadar

Croacia • 28 de agosto de 2013

Hoy nos levantamos tarde y desayunamos tranquilamente. No dejamos el piso hasta las 10. Antes de salir de Split para ir hacia Zadar, dimos una vuelta en coche y encontramos una zona residencial buena de Split donde están la playa, el puerto deportivo, el club de tenis y chalés. Buen chasis pero sin acabar de rematar, aún así mejoró nuestra impresión de Split de ayer.

Niños navegando

Luego, como de costumbre, nos llovió por el camino. La ruta magistrale por la costa dálmata es muy bonita y deja ver un montón de enclaves geográficos perfectos para hacer pueblos encantadores. Paramos en uno de ellos para hacer fotos desde la carretera (tengo que poner fotos y recordar cuál es). Seguimos después con la ruta hacia Šibenik (Trogir nos lo saltamos, que lo vimos ayer).

Croacia

Šibenik nos decepcionó porque Trogir puso el listón muy alto. Pero aún así la ciudad está bien para ver. Eso sí, no es nada cómoda porque está todo en cuesta. Dimos una vuelta por ella y vimos la catedral de Santiago. Lo malo de ver catedrales es que uno conoce las de España e Italia y cuando va por el mundo, las demás suelen perder en la comparación. Esta no fue una excepción en eso. Comimos, eso sí, muy bien en un restaurante que ocupa el antiguo ayuntamiento detrás, al lado de la catedral.

Velero en las inmediaciones de Split

Después de comer fuimos al castillo de San Miguel, que están rehabilitando. Por eso no entramos y preferimos quedarnos en un cementerio que hay justo al lado (donde la entrada es gratis) y ver la ciudad desde allí: la costa dálmata es preciosa.

Al fondo, Sibenik

Pero Zadar está lejos, así que no perdimos el tiempo sino que seguimos ruta. Paramos a hacer fotos en un puente con unas vistas impresionantes y luego, tras ya más de una hora de coche, cerca de Zadar paramos al lado de la carretera a bañarnos. El agua está bien de temperatura, se puede uno bañar, pero está mucho más fría de lo que esperábamos: esto no es el Caribe.

Luego sí, llegamos a Zadar, al apartamento Brodarica. Nuestro apartamento está en un edificio de principios del siglo XX muy lujoso. En la fachada hay marcas de haber arreglado balazos u otras secuelas de guerra, pero la verdad es que es un edificio y un apartamento estupendo, tiene de todo, se puede aparcar el coche en él y encima está en primera línea de mar. La chica que nos lo enseñó (que no es la dueña), nos dio unas indicaciones sobre Zadar sobre cómo movernos por la ciudad y dónde comer. Para ir al centro histórico nos recomendó ir a pie y luego pagar 5 kunas (no llega a 80 céntimos) por un “taxi” que nos cruza desde el nuestro lado del mar al centro. Eso nos ahorra una vuelta larga andando. Muy cómodo y pintoresco, porque lo que nos lleva al otro lado es una barquita de remos que pasa entre grandes yates.

No he descrito el apartamento en sí. Es digno de ver. La decoración es recargada con muchos adornos y si tuviera que vivir aquí no aguantaría más de una semana, pero para poco tiempo está bien. Sinceramente a mí no me gusta, aunque he de decir que tiene internet, tv, cocina, lavadora y además es amplio.

Pero no estoy contando lo más importante: Zadar es una pasada. Se nota que en Zadar ha habido dinero siempre. El centro histórico es una isla con edificios típicos del imperio austrohúngaro todos rehabilitados en mayor o menor medida. El paseo de la marina es muy bonito, un lugar perfecto para ver puestas de sol (llegamos ya de noche). Tiene, que había muchos niños jugando, un “órgano” en el que se puede oir el mar. Consiste en unos agujeros hechos en la acera; el mar entra por debajo y hace ruido. Es un sonido agradable.

¡Taxi!

Fuimos a cenar a un restaurante en el que sirven buen pescado y volvimos a nuestro apartamento por el centro de la ciudad en vez de rodeando la muralla por la marina. Todo estaba muy animado.

Mañana por la noche volveremos a disfrutar de esta maravilla de ciudad que es Zadar, pero por el día, que empezará temprano por la mañana, iremos a los lagos de Plitvice, que es la mayor atracción turística de Croacia y que por lo que cuenta Ceci es una auténtica maravilla. Seguro que las dos horas para ir y dos para volver merecen la pena.

Mañana más.