Sábado de baile

Camboya • 23 de febrero de 2014

Sábado de relax. Nos levantamos tarde, menos mal que María se despertó pronto y se asomó para ver si la cocina estaba abierta, porque la pobrecocinera nos estaba esperando preocupada con el desayuno; nos lo cogió y lo tomamos todos más tarde. La mañana la dedicamos a recados: fuimos a llevar la ropa de Ana a la señora de la casa de enfrente, a cambiar dinero, a ver el mercado (enorme con múltiples secciones: peluquería, bodas, joyería, limpieza, alimentación y todo lo imaginable) y a darnos una vuelta por la ciudad, que la verdad que ya tocaba darse un paseo por Battambang y salir de las dos calles que conocíamos.

Cuando ya se nos había derretido medio cerebro del calor que hacía, fuimos a tomarnos un batido al White Rose y nos tiramos allí un buen rato entre batidos, cafés y muesli. De la que volvíamos a la Prefectura yo he aprovechado para comprarme unos pantalones hippies muy chulos y más adelante fuimos a un supermercado a comprar Off, desayuno para mañana (los domingos no tenemos) y productos de limpieza para adecentar un poco el baño, que da pena y dolor.

A lo tonto nos dio la hora de ir a Tahén. La verdad que la misa se hizo un poco pesada, más que nada porque fue una hora y cuarto, en camboyano y no nos enteramos de nada. Eso sí, la iglesia estaba muy bonita con la luz del atardecer entrando por las claraboyas, los chicos cantando y los pájaros entrando y saliendo de la iglesia.

Acabó la misa y cenamos. Spaguettis, arroz tres delicias y patatas fritas (las hacen rebozadas en la masa de la tempura y están buenísimas), vivan los carbohidratos.

Lo chulo empezó con el baile. 5 bailes, 4 grupos de niños y niñas de distintas edades. Una pasada. Me encantan sus vestidos tradicionales, tan coloridos, mucho más favorecedores que los de asturiana por ejemplo (vale que eso no es cosa difícil).

A la vuelta se nos unieron un montón de niños con los que habíamos jugado y nos dedicamos a cantar canciones infantiles en la parte de atrás del jeep. El momento estrella sin duda, cuanto los propios niños empezaron con el Asturias patria querida, que hizo que los asturianos nos pusiéramos a acompañarlos a voz en grito.

Mañana nos vamos de excursión a Pailin con Tony Bambú a la cabeza. Ya iré contando.