Svay Sisophon

Camboya • 24 de febrero de 2014

Primer día de expedición. Hemos hecho las maletas para cinco días que pasaremos en Sisophon recorriendo pueblos. Nuestra base será la sede católica de Sisophon desde donde nos moveremos a los pueblos. En coche hemos venido los 6 mediquinos, Jimena y Bopá.

El sitio está llevado por Father Rachet y es mucho más pequeño que la prefectura o que Tahén; la iglesia está en un primer piso y nosotros en una habitación de 6 en literas, Bopá con las niñas y Diego con los chicos.

Dejamos las cosas, recogimos a nuestros traductores (niños que viven y estudian aquí) y salimos pitando al colegio donde íbamos a pasar consulta. Hoy ha sido mucho más complicado que otros días. Mis niñas traductoras son muy majas pero las pobres no hablan ni papa de inglés, así que nos atascamos con los básicos del tipo "¿desde cuándo?" o palabras tan simples como sangre, rodilla... así que sí, la consulta ha sido difícil hoy. Si no tenemos pruebas diagnósticas ni historia clínica y encima las traductoras como eran jovencitas no se atrevían a contarme ciertas cosas (de lo genitourinario no me han contado NADA, de hecho hasta que no llegó Bopá a decírmelo, estaba a punto de dar un paracetamol para un dolor de cabeza cuando en realidad la paciente tenía una infección urinaria).

Mi caso raro de la mañana ha sido la orina VERDE. Adjuntaré foto cuando pueda porque de verdad que es alucinante. Tuve que preguntar varias veces si era orina de verdad porque no lo parecía y hay una fanta por aquí muy parecida... acabé olisqueándola (buaj) y sí, era pis y era verde, al parecer porque tomaba plantas medicinales.

Volvimos al campamento base a comer y de tarde otra vez pacientes. Hemos visto tiñas extendidas por todo el cuerpo, Cris se ha encontrado por varios tuberculosos... y al acabar recogimos rápido para poder ir a ver la puesta de sol a un sitio precioso. Al parecer, los demás iban a estar todos superenvidiosos de que hubiéramos ido a ese sitio...

Al llegar nos encontramos a una pareja de novios vestidos con sus mejores galas para sacarse las fotos que luego se colgarán en la entrada de su boda. El lugar era de lo más pintoresco, los árboles recortados y bien cuidados, pero la basura por el suelo; unas fuentes que podrían ser bonitas, con un orco gigante o un power ranger al lado; corazones y tartas de boda lo más horteras imaginables... el sitio merece la pena verlo, para hacerse una idea de lo que les gusta aquí.

Volvimos a casa, colocamos las mosquiteras, algunos fueron a misa y cenamos con los chicos y unos señores de Malasia que no tenemos muy claro qué hacen por aquí, pero que causaron un gran revuelo porque ¡habían comprado helado!. Al parecer aquí sólo en ocasiones muy especiales lo prueban así que los niños estaban encantados.

Ahora estamos con Bopá, aprendiendo a bailar el baile de los cocos. Según ella, para ser principiantes lo hacemos muy bien... yo me siento bastante ortopédica, pero nos estamos riendo un montón.

Mañana más.