Pursat

Camboya • 3 de marzo de 2014

Bienvenidos a Pursat. El día de hoy está siendo de lo más pintoresco. Como ya viene siendo tradición, nos hemos pegado un buen madrugón para ir a Pursat, al pueblo flotante vietnamita. El viaje en coche ha sido menos divertido que otras veces, íbamos a tanta velocidad que los que íbamos atrás estábamos pasando serios apuros controlando las cajas que se abrían o intentando no perder los tímpanos o el pelo con el viento en la cara. Realmente Realmente yo no tengo tanta queja porque con mi caída en la infancia en la marmita del sueño, pude dormir gran parte del camino. Pasamos en barco al pueblo flotante de Compong Loueng. En realidad no es un pueblo, sino un complejo de pueblos. Son 5000 habitantes en total, mil por pueblo (uno llevado por la iglesia católica, otro musulmán, otro budista...). Aunque sólo vayas a hacer algo a uno de ellos tienen que ponerse de acuerdo todos los líderes.

Es impresionante el lugar. Emigrantes vietnamitas llegaron a Camboya y se establecieron en el Tonlé Sap. Ahora mismo no pueden comprar tierras en Camboya, ellos no quieren ser reconocidos como camboyanos y tampoco pueden volver a su propio país porque "tienen que pagar un precio" (no me ha quedado muy claro qué precio es ese, pero por lo que parece los vietnamitas tampoco simpatizan mucho con estos emigrantes). La visita al pueblo nos ha servido para ver que siempre hay alguien peor. Peor que los camboyanos están estos pobres, que no son aceptados por nadie y viven en una especie de barracones rodeados de su propia basura. La mayoría son pescadores aunque en el pueblo se ven también pequeños comercios de cosas que traen de tierra firme. Dicen que muchos habitantes no pisan la tierra hasta los 14 años y cuando lo hacen se marean. Como decía Ana, aquí el milagro es que la gente tenga pareja, pasen un embarazo, tengan hijos y salgan adelante. Los niños de la parroquia católica están empezando a estudiar algo de Khmer, lo cual son buenas noticias para las tareas de integración.

Con organización un poco camboyana, nos encontramos con un ligero contratiempo: no teníamos pacientes al llegar, así que nos instalamos sin más y comimos. Hasta nos trajeron un café con leche y hielo tras la comida por 1000 rieles el café (25céntimos de dólar, ¡nada!) Por la tarde vimos a unos 40, también por falta de organización: en algún momento falló la cadena de llamadas y no fueron avisados todos los habitantes de los pueblos de que íbamos a estar por allí. La mayoría de los pacientes son personas com piernas muy poco desarrolladas (viven sentados en sus barcos) y brazos muy msuculosos (viven sentados en sus barcos, y tienen que remar para moverse).

Una vez acabamos con los pacientes, nos dimos una vuelta en barco para ver la zona (la broma nos salió cara porque nos cobraron unos 30USD por 15 minutos de paseo cuando en realidad tendría que haber sido gratis porque la iglesia tenía su propio barco) y cogimos el coche para ir a nuestro lugar de dormir. El sitio antes era una escuela de agricultura pero desde 2011 lo lleva un nuevo cura (todavía es hermano, no padre) y lo ha convertido en una guardería. Está muy bien cuidado todo y dio gusto entrar, sobretodo después de salir del lago que se veía tan sucio alrededor de las aglomeraciones. Cenamos genial: salmón, una especie de pisto buenísimo... y ahora han empezado las emociones fuertes. En la habitaciones tenemos ratas, arañas y geckos. A las 7 se nos acabó la electricidad y ahora nos han puesto los generadores para que podamos ducharnos. Para volver desde nuestra cabaña de cena hasta el cuarto tenemos que ir dando patadas al suelo para espantar a las serpientes. Toda una aventura que diría Diego.