Último día

Camboya • 7 de marzo de 2014

Hoy es el cumpleaños de Diego y nuestra despedida del equipo del Centro de Salud. Para hacer algo todos juntos, hemos quedado para desayunar pero al final no conseguimos coordinarnos todos. Sister Chantaná nos ha traído unos bocadillos de carne de aspecto no muy bueno que nos hemos tomado por cortesía (la pobre mujer nos ha traído una delicia camboyana que ella no va a poder disfrutar por ser Viernes de Pascua), acompañados de mucho mucho mango para poder tragarlos mejor. Cuando entramos a preparar las cajas de medicamentos para el día, llegaron todos los traductores, enfermeras y Father Manoch con un detalle para todos: una postal firmada por los miembros del equipo y un kromá para cada uno. Ha sido un detallazo realmente, lo hemos agradecido todos un montón.

Además, después de todos los agasajos, han venido y le han traído una tarta a Diego por su cumple (muy camboyana por cierto, decorada hasta la máxima expresión, de muchos colorinos).

Vuelta al trabajo, hoy nos hemos ido Ana Mui y Ana Pi, María y yo a Eikphnom (una parroquia dentro de Battambang); Diego se ha quedado con Inés en el Centro de Salud y Cris se ha ido con Fechi a Paillin a ver a un paciente de Out Reach.

Lo de Cris fue toda una odisea. Partíamos inicialmente de una foto que nos habían mandado del paciente: un hombre discapacitado de 60 años que no podía trasladarse a Battambang ni al hospital, con un bulto en la cabeza con una pinta malísima. Por lo que pudimos discernir se trataba de una tiña sobreinfectada. Cris se llevó medicinas para tratar aquello a cañonazos porque lo malo de los pacientes de Out Reach es que viven en el lugar más recóndito de Camboya y sólo se les puede visitar cada mucho tiempo (así que a saber quién iba a hacer el seguimiento de nuestro paciente). Al parecer iba preparada para lo peor y se encontró con una agradable sorpresa: entre la hija y la mujer le habían ido curando la lesión al señor y había mejorado mucho desde la vez que le hicieron la foto. Lo que ya no fue tan agradable, fue su siguiente visita. En uno de los últimos pueblos abandonados por los jemeres rojos, en una mesa redonda, 4 de los 6 presentes habían pisado una mina. Había uno al que le había explotado la mina hace 20 años pero nadie le había curado la herida del pie; tenía un boquete relleno de algodón y pisaba sólo con el lado externo del pie. Yo no lo he visto pero la cara de Cris lo decía todo.

Diego e Inés pasaron un día más tranquilo, también tuvieron visita a un paciente de Out Reach con Jimena.

Los de Eikphnom tuvimos un día muy relajado y nos sirvió para charlar más con nuestros traductores. Aprovechamos también a medio día para visitar un templo que teníamos justo al lado y una pagoda con un Buda gigante.

Volvimos un poco antes de lo normal a la Prefectura porque teníamos a Bopáh enferma, no había más pacientes y Serenié tenía clase a las 5. Aprovechamos entonces para ir al centro e investigar los horarios de las vans (minibuses con wifi y aire acondicionado que por 12 USD hacen el trayecto Battambang Phnom Penh) y al poco ya nos fuimos a la Paloma a cenar.

Hoy hemos llevado helado para los Arrupes al completo: vinieron las Kallapati, los chicos de la Paloma, todos los voluntarios y Kike. Ha sido estupendo, se aprende mucho con estos chicos. Así sin decir nombres os puedo contar que hay uno que está aprendiendo español y guitarra por su cuenta en youtube (y no lo hace nada mal); otro que ha perdido un brazo y dos piernas, que lee mucho y te pregunta por la situación en Ukrania; un niño que es feliz jugando al tenis con su muleta porque le falta una pierna... hay mil historias para contar.

Yo al final me quedo con Wen, que es con el que más he tratado. Han sido sólo dos días con él pero le hemos cogido todos mucho cariño. Ya lo he dicho ayer lo sé, pero lo repito hoy también: merece la pena. Te das cuenta desde el principio del interés que pone en todo: las preguntas constantes sobre medicina (si no lo entiendo yo, no se lo voy a poder explicar al paciente, te dice), el interés sobre el nombre de los pacientes, se encargaba de decírtelo despacio para que pudieras llamar a los pacientes por su nombre (es el primer traductor que lo hace y no se explica cómo los demás no nos lo habían hecho hasta ahora, con lo importante que es esa cercanía con el enfermo). El chico no para de reírse y te lo transmite. Lo impresionante es que lo haga con el pasado que tiene: a sus 22 años ya ha pasado por la cárcel porque lo utilizaban para mendigar en Tailandia como ilegal; tiene inútiles las piernas y los brazos apenas puede usarlos, de hecho para escribir tiene que ayudarse de la cabeza...

Me siento repetitiva, escribiendo que otro día estupendo en el que hemos aprendido un montón, pero ¿qué otra cosa puedo decir?.