Fin de Phnom Penh y vuelta a casa

Camboya • 19 de marzo de 2014

Hoy no hemos hecho gran cosa. Por la mañana fuimos a por uno de los pantagruélicos desayunos de Chez Mama para despedirnos adecuadamente de la ciudad y de ahí al mercado O'Russey (no confundir con el mercado ruso). Nos encantó ese mercado. Es mucho más auténtico que todo los demás, se ve que es allí donde compran ellos realmente. NO se ve a ningún turista. Es grande, es caótico, los pasillos son largos y estrechos, los puestos se apelotonan unos tras otros: juguetes, productos de limpieza, comida... y ¡hay varios pisos!

El único problema es que Cris buscaba una marioneta para llevar de regalo y en ese mercado no vendían souvenirs turísticos, así que in extremis se fue con Diego en tuktuk al mercado central a por una mientras María y yo hacíamos el check out en el Fairyland.

Al aeropuerto fuimos en tuktuk también, el mismo que habíamos cogido el primer día para ir al S21 y los killing fields. El señor nos había avisado de que al ser medio día habría mucho tráfico y tardaríamos al menos 45 minutos (para que os hagáis una idea, Ana a las 4am sólo tardó 15min en llegar). Pagamos unos 3USD.

Ya en el aeropuerto nos pasó algo que me pareció muy curioso. Como nos habíamos excedido en el número de días en Camboya respecto a los permitidos por nuestro visado, teníamos que pagar una multa. Pasamos María, Cris y yo cada una por una fila. El hombre de la aduana, muy majo me preguntó si había sido feliz en Camboya... ¡qué obsesión más graciosa tienen estos camboyanos con la felicidad!. Después me preguntó si viajaba sola y dije que no, que ella también venía conmigo (señalando a Cris). No señalé a María porque ella había entrado en el país dos días antes que nosotras. Lo curioso viene ahora, a Cris y a mí nos hicieron un recibo de la multa y nos cobraron en otro puesto mientras que la multa de María... se la iban a quedar ellos! Al final vieron que íbamos juntas y que no podían quedarse con el dinero para ellos porque era demasiado obvio y tuvieron que rehacerle los papeles. Resulta increíble la corrupción de este país, no se molestan mucho en ocultarla.

El viaje por lo demás transcurrió sin grandes incidentes. La escala de Guanzhou la llevamos muy bien ya que no hacía un frío polar y el vuelo al ser de noche también lo pasamos bastante cómodas. Lo único que nos mosqueó fue que nadie quisiera sacarnos la tarjeta de embarque de Amsterdam a Madrid, cosa que entendimos una vez llegadas a Schipol. Teníamos de escala 55 minutos y nuestro vuelo de China aterrizó con 5 minutos de retraso. Aunque corrimos y llegamos a nuestra conexión con tiempo de sobra (no habían empezado a embarcar todavía), no nos dejaron subir porque "habíamos llegado tarde". Resultó muy frustrante, Cris y yo ya habíamos hecho el check in online y teníamos un asiento asignado y aún así habían vendido nuestros billetes y nos habían recolocado para el siguiente vuelo. Ahora entendemos porqué a María no le dejaban hacer el check in online. Fue vergonzoso sinceramente porque estábamos allí, con todo bien hecho y su excusa era que el avión había aterrizado 5 minutos tarde!!

De todas formas no hemos acabado el viaje con mal sabor de boca. Aprovechamos para desayunar, planificar la vuelta a nuestras casas y disfrutar de los últimos coletazos de un viaje que ha sido increíble.