Bari y alrededores

Italia Sur • 19 de abril de 2014

Mañana intensa hoy. Madrugamos relativamente para ir a Castel del Monte, a las nueve y cuarto ya estábamos en ruta. Antes de eso, desayunamos en el hotel; muy buen buffet, completo, mucho dulce, mucha fruta, verdura, cereales… hasta un mostrador con productos dedicados solo a la Nutella.

Como decía, a las nueve y cuarto ya estábamos en ruta, destino: Castel del Monte. Castel del Monte no es un sitio que en las guías aparezca muy destacado; aparece, pero no es que su visita sea una parada obligada. Y aunque me gustó, es verdad que quizá no merezca la pena. Castel del Monte es un castillo patrimonio de la humanidad por la UNESCO, que fue construido en el siglo XIII. Yo destacaría de él dos cosas: su forma, un octógono perfecto; y que se ve desde muy lejos. Esto segundo es realmente impactante desde el coche, ya que la carretera transcurre por una región bastante llana y el castillo simplemente está en una loma más alta que las demás. Destaca mucho.

Nada realmente llamativo que ver por dentro, las habitaciones están vacías. Eso sí, está muy bien restaurado, cosa que se hizo cuando fue adquirido por el estado a finales del siglo XIX, cosa que está en los paneles informativos de dentro. En cuanto a su historia, fue mandado construir por Federico II; este castillo era un pabellón de caza.

Un octógono
Castel del Monte

Tras la visita, corta, nos dirigimos a Trani. Trani está en la costa, a unos 50 km al norte de Bari. Es un pueblo o ciudad pequeña que en otros tiempos (siglo XI) fue el puerto más importante del Adriático. De hecho, las primeras normas de navegación que existen son de Trani. Así que es una ciudad ligada al mar. Como en todas las ciudades de por aquí, Bari incluida, la entrada en coche por la zona industrial o residencial no turística es fea y sucia. La cosa cambia para bien, e incluso muy bien, en la zona turística. En las inmediaciones del puerto está la iglesia de San Nichola Pellegrino, en la que no pudimos entrar porque estaba cerrada, pero por fuera es un grande, bonita y en un muy buen enclave.

Puerto de Trani

El entramado de calles de Trani es laberíntico en la zona turísica, con calles muy estrechas. Tiene pinta de que en verano hace mucho calor, pero hoy no era el caso, básicamente lo que había es viento y algún turista despistado como nosotros. Gente local muy poca, todavía no sabemos por qué. Tan es así que algunos restaurantes estaban cerrados y otros lo parecían. Acabamos comiendo, eso sí, de maravilla, en el único que parecía que tenía ambiente: Corte in Fiore. Me pareció demasiado caro, no nos vuelve a pasar lo de ir sin mirar donde comer.

Volvimos a Bari a dejar el coche al hotel y a conocer Bari por la tarde. Estuvimos en el castillo, la catedral y la iglesia de San Nicolás (San Nichola). El castillo de Bari, como Castel del Monte, está muy bien rehabilitado. Pero ahí acaban las similitudes. Este es mucho más bonito, con foso reconvertido en jardín y todo. A destacar, por malo, que de lo más interesante de lo que hay dentro del castillo es una historia hebrea en la que cuenta, creo, cómo ha sido la influencia hebrea por la zona. El “creo” es porque sólo está en italiano, y en ningún idioma más. El italiano se parece al español pero no tanto.

Una calle en Bari

Después de ver el castillo, callejeamos hacia la catedral de Bari (no confundir con la basílica de San Nicolás). La catedral es románica, con un gran rosetón en la fachada. Dentro es simple y grande. Su simpleza es lo que la hace bonita.

Continuando el tour eclesiástico, fuimos a la basílica de San Nicolás de Bari. Digna de ver. En ella están los restos de San Nicolás, que es uno de los patrones de la ciudad y también de Rusia. Esto explica por qué Putin viene aquí una vez al año, hay rusos dentro y los carteles de información estén en italiano, francés y ruso. Las pinturas del techo son impresionantes y son algo que no recuerdo haber visto en ninguna otra iglesia.

Vaso típico

Vista la basílica, continuamos por el paseo marítimo hacia la zona nueva de la ciudad. La zona nueva es muy diferente y lo primero que se nota es que hay mucha más gente y tiendas. En el corso Cavour una serie de edificios palaciegos, que incluyen dos teatros y un banco, aunque a nosotros lo que más nos interesó fue una heladería: ¡qué buenos los helados en Italia! (y qué baratos comparados con España). En un punto, giramos a la derecha para seguir por la via Antonio Beatillo hasta la plaza Umberto I. Dando a la plaza, haciendo esquina, está Roche Bobois, que tiene una fachada muy llamativa.

El final de nuestro paseo turístico fue por la Via Sparano da Bari, que es donde están todas las tiendas caras, incluyendo, cómo no, Zara. No obstante, lo más destacado fue que coincidimos con una muy alegre banda callejera que iba repartiendo globos amarillos de la fundación Serena Onlus, que se dedica a la atención domiciliaria de ancianos. Era una banda callejera con coreografía, es decir, no sólo tocaban sino que también bailaban algo. Curioso y divertido de ver.

Para cenar, hemos ido a una pizzería. Las pizzas en Italia suelen ser buenas, bonitas y baratas. Estas lo fueron.

Mañana dejaremos Bari, aunque intentaremos ver por la mañana el mercado del pescado. Dormiremos en Lecce.

Por cierto, tomamos helados :)

Fresa y chocolate