Lecce y Caribe europeo

Italia Sur • 21 de abril de 2014

Aunque inicialmente queríamos ir a ver las grutas de Zinzulusa, cambiamos el plan al ver la previsión climatológica (nublado por la mañana, sol a medio día y por la tarde). Fernanda, la dueña del B&B nos llevó a uno de los cafés de la plaza que hay enfrente de nuestro edificio y nos compró el desayuno: un café y un pastel típico (es como una magdalena más tostada de lo normal rellena de crema de nutella, cabello de ángel, pistacho, almendra…) muy rica.

Siguiendo las indicaciones de la Trotamundos fuimos primero a la Piazza Oronzo, rodeada de palazzos y con un anfiteatro romano en el centro, bastante mal conservado todo sea dicho. Como no teníamos muy claro nuestro itinerario fuimos a la oficina de turismo donde nos atendió el tipo más borde de la ciudad que nos dijo de malos modos que mirásemos nuestra guía y que paseáramos por la ciudad, que los demás estaban en el campo porque era Lunes de Pascua. No podía haber sido más incompetente ni a propósito. De la plaza salimos por la calle Vittorio Emanuele II hasta la Piazza del Duomo, pasando por la Iglesia de Santa Irene que a pesar de sólo tener un caminante nos gustó mucho.

Santa Irene

La piazza del Duomo estaba tomada por grupos de turistas pero aún así pudimos contemplarla a gusto, es amplia. Allí por cierto fuimos a la otra oficina de turismo ya por curiosidad por saber si todos allí eran unos bordes o sólo el primero con el que topamos, (que ese fue el caso). La visita a la catedral es gratis aunque las criptas son de pago (1€). Merece la pena entrar, está muy recargada pero aún así es bonita.

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Paseamos más por el centro histórico de Lecce hasta el Museo Provinziale (¡que es gratis!). Muy recomendada esta visita, el museo contiene piezas desde el paleolítico hasta el siglo XX. Es muy completo, una pena que no haya ni un solo cartel en inglés y menos mal que el italiano y el español se parecen.

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Seguimos de paseo por la ciudad, de callejuela en callejuela y de iglesia en iglesia hasta que encontramos la confitería Natale, la del mejor repostero y heladero de la ciudad. Nuestra recomendación: bacio y fragola, a degustar luego encima del anfiteatro disfrutando del sol.

Aprovechando que había mercado en la plaza, compramos pan, patés de la región y tallarines (unos panecillos también típicos) para llevarnos a comer a la costa de Gallipoli a Taranto, “el Caribe europeo”.

Felicidad

Nuestra primera parada costera fue la de Torre Uluzzo, una zona donde no hay playa pero sí un estupendo acantilado donde van muchos italianos domingueros. Aún así, si caminas un poco puedes apartarte de las masas que se quedan en su mayoría en las zonas habilitadas para hacer barbacoas en el bosque y encontrar un buen lugar con vistas (si tienes suerte, resguardado del viento).

De allí nos fuimos a Puerto Cerco para ver alguna de las playas y no sabemos si es porque se había nublado y el mar no tenía el color que suele salir en las fotos o porque realmente no es para tanto… pero vamos, que no nos parecieron muy allá las playas. Son en su mayoría pequeñas calitas que los italianos adoran porque tienen arena y no son playas de roca (a diferencia de las del resto de Italia).

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Al final fuimos a dormir la siesta a la playa de Punta Grossa que es más grande que las anteriores y una vez descansados, como ya se estaba nublando decidimos ir a ver Gallipoli.

Gallipoli está dividida en la ciudad antigua de origen griego y la moderna, separada por un puente, construido cuando ya no había suficiente espacio para todos dentro de las murallas. Nosotros aparcamos y paseamos por la antigua (recomendaríamos aparcar en la moderna o junto al puente antes de pasar al borgo antiguo, más cómodo para salir luego de la ciudad que tiene un tráfico denso). No estuvimos mucho tiempo, pero sí podemos decir que nos ha gustado, con sus edificios de tonos ocres y callecitas estrechas, similar a todas las ciudades de la zona. Exquisita granita junto al duomo ;) Para cenar puede ser interesante quedarse en alguno de los restaurantes del lungomare, con vistas al mar. Muy bucólicos todos. Si los bolsillos están más ajustados uno puede tomarse también una cerveza y aprovechar las vistas, la puesta de sol y las mesas con velitas.

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Nosotros al final decidimos volver a Lecce para no tener que conducir de noche y tener tiempo suficiente para buscar aparcamiento. Para cenar hemos ido a un restaurante llamado Bacco al vino, muy bueno todo.

Mañana más.