Matera y Paestum

Italia Sur • 22 de abril de 2014

Madrugón. A las 7.30 ya estábamos desayunando con todas las maletas metidas en el coche dispuestos para salir. Quedaba el trámite de pagar el hotel, Fernanda (la dueña) no se acordaba de cuánto era, así que se lo enseñé en mi móvil. Se despidió de nosotros con dos besos, muy maja.

A las oche menos cuarto ya estábamos rumbo a Matera, más o menos. El GPS nos llevó vía Brindisi, que es cierto que es casi todo autopista, pero a mí me parecía más rápido ir directamente vía Taranto. En cualquier caso, en un viaje largo y atravesando algún pueblo que otro con trazados extraños llegamos a la oficina de turismo de Matera a las diez y diez, justo a tiempo para la visita guiada de las diez y media. El chico de la oficina de turismo, majo a diferencia de los de Lecce, nos ofreció un tour en inglés por 60 euros los dos (en realidad era un family tour para 4, pero no teníamos con quien completar el grupo) o en italiano en grupo por 15 euros cada uno, o ver los sassi por nuestra cuenta gratuitamente. Elegimos la opción tour en grupo en italiano. En los 20 minutos de espera hasta el tour, nos tomamos un café en una cafetería con vistas:

Matera

Empezado el tour, recorrimos Matera en hora y media larga, aunque realmente da para más si te lo cuentan. Los sassi se pueden construir porque la roca, de origen marino, es muy porosa y fácil de excavar. Lo que hacían era ir por niveles de modo que más o menos el techo de la casa es el suelo de la de encima, o una calle. Eso da lugar a una arquitectura en terraza bastante curiosa. No sólo la mano del hombre influye, sino que también hay cuevas naturales, así que algunos de los sassi son mitad casa mitad cueva. Recuerdan un poco a Capadocia, cosa que también dijo el guía.

En los años 50, vivían hacinadas allí más de 20 mil personas en condiciones absolutamente insalubres, donde la malaria era muy habitual. La mortalidad infantil en esa época era del 11% en Italia, sin embargo en Matera era del 50%. Fue en ese momento en el que un gobernante lo vio (no recuerdo su nombre) y se empezaron a construir casas normales más alejadas. Desde entonces, los sassi se han ido repoblando poco a poco, el estado los cede a artistas a cambio de que estos sean restaurados o también a restaurantes, bed and breakfast y cualquier establecimiento que fomente el desarrollo de la comunidad.

Matera mira el valle

El pueblo, además, ha sido escenario de muchas películas, la mayoría italianas; pero también se rodó en él la Pasión, de Mel Gibson (en un bar hay unos spaguetti alla Mel). Eso sí, las estaciones del vía crucis no las hizo siguiendo las marcadas en el pueblo, usó otras para la película.

Al final de la excursión, en la propia oficina de turismo, había una degustación de productos típicos italianos de la zona. Nos dieron cosas normales que ya habíamos probado en Lecce, que son una especie de patés (tomates machacados, aceitunas machacadas, etc) con un pan y aceite de oliva también de producción local. Estaba muy bueno, pero no era sorprendente. En cambio, nos dieron también una cosa que no habíamos probado nunca y cuyo nombre en italiano no recuerdo: son pimientos secados y luego fritos, son una cosa muy crujiente con un toque picante; es diferente y está muy bueno.

Para comer, hicimos nuestro picnic en las cuevas que hay en frente del pueblo. Y con las fuerzas retomadas fuimos a Paestum: más de dos horas de viaje.

Paestum es una ciudad griega (sibarita, para ser preciso) que antes de ser antes de ser anexionada por los romanos se llamaba Poseidonia, en relación con su actividad marinera. Desconocemos si la ciudad era importante, pero es grande y, sobre todo, bien conservada. Quedan tres templos en pie y los restos de la ciudad. Además hay una muralla que rodea la ciudad, las ruinas que se puede ver están dentro.

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Vimos las ruinas con gran desilusión porque está todo manga por hombro, hay muy pocos carteles explicativos, no hay trazados indicados, nada. Es un sitio que podría estar mejor explotado turísticamente. Lo salva, eso sí, que las ruinas son, como digo, de una extensión enorme y la verdad es que impresiona.

Con la desilusión, entramos en el museo casi de rebote porque estuvimos a punto de pasar de él e ir directamente al hotel en el que estoy escribiendo esto ahora (B&B il Girasole), pero vaya si mereció la pena. Nota para futuros visitantes: ved la planta baja completamente. El museo es un museo normal con piezas eso sí, muy antiguas (algunas del siglo V antes de Cristo) que se ven en su mayoría en la planta alta (segunda planta). También hay esculturas y, sobre todo, la explicación en formato museo del cómo sería Paestum si no fueran ruinas. En la primera planta están cosas paleolíticas, similares a las que vimos en Lecce en el museo provincial. Pero la planta baja es mucho más grande. Lo primero que se ve, que sorprende, es una sala dedicada a cómo sería la restauración “colórica”:

Al ver eso, pensamos en que los arqueólogos tienen mucha imaginación, pero si se sigue viendo el museo se ve que no es imaginación. Resulta que había necrópolis con escenas pintadas en las tumbas, y ¡están en color! Vale, es cierto que los tonos son un poco apagados, pero es que estos trozos de muro ¡tienen unos 2500 años!

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Lo dicho, increíble. Increíble todo, tanto las ruinas en sí, como el museo, como las pésimas indicaciones, como la mala publicidad una vez dentro del museo de las salas que tienen. Parece mentira que sean italianos. Con todo y eso, la visita a Paestum merece claramente la pena.

Mañana seguiremos informando.