Merzouga: dromedarios y otras aventuras

Marruecos • 5 de septiembre de 2014

A las 6 de la tarde Alí nos llevó en coche con nuestro guía, Omar, para empezar nuestro tour en dromedario. Nos recomendó que lleváramos ropa de manga larga y un buen pañuelo por si había tormenta (cosa que en su momento me pareció una exageración).

Con las alforjas bien cargadas salimos en dirección al campamento que tiene Alí montado a una hora y media del pueblo. Tuvimos la gran suerte de ser los únicos que habían contratado el tour hoy así que teníamos el desierto y el guía para nosotros solos. Habíamos leído en varios sitios que las dunas de Erg Chebbi estaban masificadas, “las dunas CocaCola” las había llamado un guía. Para nosotros esa no fue la experiencia, apenas vimos un par de grupos más en la distancia y el resto, paz y tranquilidad.

Ceci en su dromedario

Casi no había comenzado el tour y empezó a ponerse el cielo muy negro. Omar se giró y nos preguntó que si nos importaba que acelerase el paso para evitar la tormenta.. ¡TORMENTA! Claro que no nos importaba. No importó mucho el brío que nos dimos, al poco rato nos cubrió la neblina, el cielo entero estaba negro y el viento soplaba que daba gusto. Nos pilló la tormenta de arena de pleno y aunque Omar es un guía experimentado… algo de miedo pasamos. En ese momento agradecimos bien el turbante puesto por Alí (con mucho más arte de lo que lo hubiésemos hecho nosotros) y la ropa de manga larga para protegernos de los golpes de la arena.

Al llegar al campamento nos resguardamos en la cocina que tienen montada y aprendimos con Omar a preparar tajín y sopa marroquí. Mientras se hacía la comida, charlamos bastante. Seguimos sorprendidos con la habilidad bereber para los idiomas. Un poquito de inglés, un poquito de francés, un poquito de alemán, holandés, japonés…

La cena estaba buenísima. La postcena fue muy divertida, aprendiendo a escribir en árabe, a hablar en bereber y jugando a las adivinanzas (al parecer, les gusta mucho a los bereberes) y siguiendo en racha, la tormenta había parado y pudimos domir al raso, con un estupendo cielo estrellado de techo.

Tajín en la tienda