Yogyakarta

Indonesia • 18 de agosto de 2015

Madrugón para coger el vuelo a Semarang, aunque no parece tanto si te levantas con el Sol (5am). Llegamos sin incidencias al aeropuerto y allí cogimos un taxi con Marta y Carlos (dos de los que estaban con nosotros en el klotok) hacia Yogy. Por un viaje cercano a 3 horas pagamos unos 10 euros por cabeza. Probablemente hubiese sido más barato hacer el trayecto en bus pero así ahorramos un montón de tiempo.

Nuestro hotel es el Jumbuluwuk y es una pasada. Por algún motivo yo pensaba que veníamos a un albergue normalillo y me he encontrado un hotel muy cuidado, con piscina, spa… nos han regalado un cóctel de bienvenida y un masaje para cada uno.

Aprovechando que llegamos pronto nos acercamos a Great Tours, la agencia de viajes que recomendaba Lonely Planet para contratar el tour a Bromo e Ijen y uno para mañana para ir a Borobudur, Prambanan y la fábrica de plata, que es lo típico de aquí. Fueron muy eficientes y en seguida lo teníamos todo contratado, hoteles, transporte… muy cómodo la verdad y para lo que es, nada caro (unos 8 euros un tour de 9 horas mañana que incluye transportes y comidas y unos 40 el otro, 3 días y dos noches de hotel con comidas y transportes).

Comimos en Bedhot café, en una perpendicular a Malioboro y nos gustó mucho el sitio; muy amables y muy rica la comida.

Por la tarde nos dimos una vuelta por la calle Malioboro, plagada de motos y de tiendas que venden Batik (ropa con un estampado típico local) hasta llegar al mercado de Pasar Beringharjo. El mercado inicialmente puede parecer algo turístico, pero cuando más te adentras más local se vuelve, con sus puestos de pescados en salmuera, especias y fruterías. Nada que ver con el supermercado en el que compramos unas CocaColas esta mañana. La gente es de lo más curiosa, se acercan a ti y te hablan, sin intención de venderte nada, sólo quieren contarte su vida y preguntarte por la tuya. De donde vienes, si eres del Madrid o del Barça, cuánto mide Claudio…

Mercado de Yogjakarta

Para cenar, fuimos a un sitio recomendado en la Lonely Planet, Efeme Café cerca de donde habíamos comido. Lo que es la comida en sí y el local estaban bien, aunque un poco demasiado turístico.

Mañana más.