Ijen

Indonesia • 23 de agosto de 2015

Lo de hoy ha sido algo más que un madrugón. Yo no sé si me llegué a dormir profundamente. El caso es que a las doce y media estábamos en pie y a la una estábamos en ruta hacia Ijen.

Patético que nos metieron en un minibús con una plaza menos que personas íbamos en él, fue el primer desastre en temas de transporte de hoy.

Pero llegamos a Ijen. En Ijen te dejan abajo y te dan una máscara. Y a subir andando. Subir mucho y muy rápido, porque hay que llegar muy temprano al cráter para que luego de tiempo a salir del cráter y ver el amanecer.

Lo de la máscara tiene truco, porque justo antes de bajar al cráter te alquilan una buena por 100.000 rupias. Sin la máscara buena no se puede bajar. Y la bajada al cráter en sí se las trae; siempre en estas cosas te encuentras con gente que no va preparada, especialmente con calzado inadecuado; sinceramente, yo con sandalias no me habría atrevido a bajar al cráter. Son unos 120 metros de profundidad, y abajo se ve, por fin, el fuego azul (no hay ni rastro de él en la hora previa de subida).

El fuego azul es azufre ardiendo. Y arde porque estamos en un volcán, el volcán de Ijen.

Fuego azul

De todas formas lo que más impresiona no es eso sino que el azufre lo recogen y lo meten en un par de cestas atadas a un palo y luego con el palo y las dos cestas bien cargadas, lo transportan. A mano. Sí, a mano. Dicen que llevan unos 100 kilos en total, el récord de la zona está en 140 kilos; cuando me lo dijo lo único que podía pensar es por qué el proceso no está mecanizado de alguna manera (una polea simplemente), así que simplemente le felicité por su récord.

Azufre

Después subimos a ver el amanecer. Estaba la opción de no verlo y unirse al resto del grupo luego, pero además de que queríamos verlo, la máscara empezaba a molestar bastante. El paisaje que se ve es muy bonito, montañas pequeñas como colocadas sobre el suelo, igual que las que dibujaría un niño, y con pocos árboles pero mucha vegetación: son montañas de color verde. También se adivina la línea de costa, aunque la bruma marina impide verla bien. Además, cuando se hace de día, se puede ver lo grande que es el lago que hay al lado del volcán.

Amanece en Ijen

Visto todo esto, volvimos al autobús. Ya sí, nos separaron en dos autobuses y fuimos mucho más cómodos a Ketapang, donde se coge el ferry a Bali. Otro chiste de mal gusto fue eso, nos metieron en un autobús en el que teníamos que ir de pie. Nirvana tours es asqueroso, sin paliativos. Luego, ya en Bali tras el trayecto en ferry, sí que se bajó gente del autobús y al menos pudimos ir sentados, pero eso, aunque mejor, no impedía que el autobús fuera horrible. Antes de llegar a Denpasar, se pararon a ofrecernos transporte a Ubud, que compartimos con dos españolas. Fue caro para precios locales, pero nos dejó en Ubud al lado del hotel: Karma House 2. Sencillo, muy sencillo: la habitación tiene una cama, una mesa y un baño; pero está todo limpio, nuevo y estupendo. No se necesita más (vale, igual piscina…).

Además, hemos dado nuestra ropa sucia para que la laven. Todo lo que no dependió de Nirvana Tours ha salido muy bien: Ijen es diferente a cualquier otra cosa que haya visto antes, el hotel de Ubud (elegido por nosotros) es estupendo y Ubud, en el paseo que hemos dado por la tarde, también está muy bien.

Mañana más.