Los elefantes de Etosha

Namibia y Botsuana • 21 de agosto de 2016

Hoy hemos ido a Etosha por nuestra cuenta. No sabemos si porque era domingo o porque coincidió, la cola para entrar al parque era mucho mayor que la de ayer. Te hacen varios controles: uno donde apuntan el coche que entra y el nombre del conductor, otro donde entregas los pasaportes y te dan las recomendaciones del parque y luego, en Okakuejo (19km dentro del parque), pagas la entrada. Todo muy práctico.

El día de hoy ha sido muy productivo. Ayer hicimos investigación sobre avistamiento de animales en Etosha, así que hoy íbamos a los waterholes con más fama de cada especie. Nada más llegar fuimos al de __, donde se supone que hay leones… y ¡bingo! 4 leonas estupendas esperándonos.

A la vuelta nos encontramos con un cadáver de jirafa que daba a entender que las leonas no se andan con chiquitas… sólo piel y huesos quedaban.

Pasamos el día de waterhole en waterhole. Viendo a los antílopes saltarines saltar (digno de ver cómo saltan los bichos) y a los rinocerontes negros africanos dormir la siesta. La verdad que para la visita a Etosha no se necesita guía. Está todo muy bien señalizado y los caminos son accesibles aunque no lleves un 4x4. Hay dos sitios acondicionados para comer y 4 para ir al baño dentro del parque, son como unas jaulas gigantes para humanos (más fácil que contener a las fieras, en este caso, es contener a los humanos). Nosotros no comimos en el picnic spot porque nos entró el hambre antes y ya previsores llevábamos la comida preparada dentro del coche para no tener que salir a coger nada del maletero (está prohibidísimo bajarse del coche dentro del parque, visto lo que hacen con una jirafa, las recomendaciones las llevamos a rajatabla).

De la que nos íbamos pasamos por el waterhole de Ongas. Precioso e increíble. Es de los pozos más bonitos porque hay bastante agua y verde a su alrededor. Lo más espectacular fue la llegada de 21 elefantes. Todos a beber agua y a salpicarse unos a otros, los más pequeños hasta se tiraban al agua y se rebozaban en el barro. Increíble.

La vuelta se nos hizo un poco más larga de lo pensado, con unos elefantes que se pusieron a cruzar la carretera (y uno no se va a meter en medio de los elefantes) y la burocracia de la salida del parque. Primero, que te limpien las ruedas con un producto para evitar transmisión de enfermedades, después que un guarda te revise el coche en busca de carne (nosotros llevábamos pero no rebuscó mucho) y luego que te miren el ticket de que has pagado la entrada al parque. Nos sorprendió que miraran lo de la carne, pensábamos que donde no se podía pasar era en la frontera con Botsuana. De hecho, hasta el los lodge de Etosha te la venden.

Hoy hacemos noche en Sachsenheim, una granja a las afueras de Etosha. Muy bonita, muy bien cuidada y menos masificada que el Etosha Safari Camp, que si bien es verdad que no tenemos queja porque está todo cuidadísimo, uno se siente menos “exclusivo”.

Mañana nos toca una tirada larga hasta Rundu, casi frontera con Angola. Veremos qué tal.