Bienvenidos a Sierra Leona

Sierra Leona • 8 de julio de 2017

Parece mentira, pero ya ha llegado. Estamos en Sierra Leona, las cinco, con todas nuestras maletas.

Volamos Madrid – Casablanca – Freetown con Royal Air Maroc y salvo por el retraso al salir de Madrid por las lluvias torrenciales que estaban cayendo, no podemos poner ninguna pega.

A la hora de pasar el control del pasaporte, el guardia me hizo una serie de preguntas de cortesía: “¿A qué te dedicas?” “¿Primera vez en Sierra Leona?” “¿Estás contenta de estar aquí?” “¿Qué opina tu marido de esto?”. Una primera introducción a la realidad de este país, en el que da igual que yo sea una mujer adulta independiente con trabajo… tengo que tener marido y él tiene que tener una opinión al respecto.

A la salida nos estaban esperando la Hermana Mari Luz y la Hermana Clara. Como estaban cayendo lluvias torrenciales, esperamos en el aeropuerto a que amainara un poco.

Hemos venido en época de lluvias. Eso implica que de vez en cuando, cae una buena tromba de agua, pero luego amaina y por eso, los locales esperan a que pase la tormenta para retomar sus actividades.

Cuando ya la lluvia era más llevadera nos subimos al avión, la furgoneta grande de las Hermanas donde cargamos todos nuestros bártulos. Las dos horas de trayecto hasta Lunsar las pasamos completamente dormidas (que en el avión algo habíamos dormido, pero no lo suficiente).

El compound de Lunsar (como ellas llaman al recinto cerrado de la casa y escuelas) está muy bien. Aquí viven diez monjas clarisas incluyendo a la Madre Superiora, que se encargan fundamentalmente de los proyectos de escolarización de esta zona. Desayunamos con ellas un desayuno contundente (lo necesitan para sobrevivir al resto del día): pan, huevos, algún tipo de carne con cebolla… y café, aunque ya recuerdo porqué en África es mejor tomar té.

Nos ofrecieron descansar por la mañana, pero hemos venido con tantas ganas de ver, hacer, conocer, que nos apetecía más visitar las escuelas con las hermanas. Así pues, la Hermana Mari Luz nos ha hecho un tour completo de Lunsar.

El recinto donde estamos incluye la Iglesia de St Peter Clevar, la casa de las monjas, la casa de voluntarios en la que estamos y a través de una puerta comunica con la Escuela Primaria y el internado. Nuestras habitaciones están muy bien, nos han puesto de dos en dos, con un baño para cada pareja.

Tenemos electricidad de 7pm a 7am porque aquí el diésel tiene un precio desorbitado y no se pueden permitir más. Parece una tontería, pero hay cosas básicas que no tienes: luz para ver en estos días tan oscuros de nubes, una nevera conectada 24h…

Agua hay, pero también limitada, es curioso que no haya cuando es todo tan verde y estén cayendo lluvias torrenciales.

El tour por las escuelas fue bastante sorprendente. Estaban hoy de exámenes y pudimos ver a todas las chicas concentradas (salvo a dos que no pudieron hacer el examen porque no iban adecuadamente vestidas → con calcetines). Visitamos la escuela de infantil, primaria, secundaria y la escuela vocacional. Hay mucha expectación por nuestras charlas: ¡las 5 ginecólogas españolas que vienen a hablar de la salud! Por el camino recorrimos el mercado, lleno de gente que nos saludaba allá donde íbamos (especialmente los niños), que nos seguían a todas partes llamándonos ¡OPOTO! (hombre blanco).

Nos dejaron dormir un rato antes de la comida y a las 14h nos reunimos con todas las hermanas y ya por la tarde tuvimos nuestra reunión con Mr. Lamin para conocer mejor el contexto sociocultural en el que nos vamos a mover.

Sobre la mutilación genital queda todo un post aparte. Sobre las charlas que habíamos preparado, no hubo gran debate hasta que llegamos a la de anticoncepción, tema difícil donde los haya. Partimos de una sociedad en la que la mujer no tiene ningún tipo de opinión sobre nada, incluyendo esto su vida sexual. No pueden decidir cuándo mantener relaciones sexuales, ni cuándo tener hijos, lo cual acaba muchas veces en 7 embarazos antes de los 25 años.

A estas mujeres es muy difícil hablarles de anticoncepción. Lamin nos ha contado que a otra sobrina suya, su marido le dio una paliza al encontrar que tenía anticonceptivos en casa. Por lo tanto nos encontramos en una situación en la que las mujeres no pueden decidir sobre su situación sexual ni hacer nada por cambiarla. Algunas acaban recurriendo a clínicas clandestinas que les dan pastillas sin ningún tipo de control, con mala solución también para el problema.

Además algunos de los locales tienen la teoría conspiratoria de que las ONGs que reparten anticonceptivos tienen intereses comerciales ajenos. Es muy duro ser mujer en Sierra Leona. Muchísimo.