Cartagena bis

Colombia • 18 de agosto de 2017

Para el día de hoy anunciaban rayos, lluvia, nubes, sol, viento y alerta naranja, así que decidimos no salira explorar las playas de Barú y quedarnos en Cartagena, para poder atecharnos en caso de necesidad.

Sobra decir que no llovió. En contra de las predicciones climatológicas de todas las webs que miramos, no llovió ni un día de nuestra estancia. ¡Como para fiarse!

Por la mañana fuimos a Bocagrande, a conocer la parte moderna de la ciudad, “el centro comercial al aire”, las tiendas de lujo, el lugar donde viven los ricos de Cartagena… consejo personal: ¡nada de ir a Bocagrande! Está bien haber ido para poder decir ahora con criterio, que es feo y mal planificado. Tienen un enclave perfecto, al lado de playas y lo han urbanizado tipo Benidorm y a cada paso que das te asalta algún vendedor ambulante o tour operador. Recorrimos la zona prácticamente entera y poco se salva de allí, una lástima porque con el enclave que tienen y los edificios que no son feos, podrían hacer maravillas.

Fuimos a comer a Getsemaní, a un local que nos habían recomendado MUCHO de comida Colombiana llamado Donde Socorro. El lugar tiene que estar bien porque habían traído a varios congresistas del congreso Nacional de Urología que se estaba celebrando en Cartagena. El sitio, aunque algo cutre, estaba bien, con muy buen servicio y comida rica… para ser Colombia. Probamos las especialidades de la casa y no nos convencieron, creo que a partir de ahora viviremos a base de ceviches.

Donde Socorro
Cartagena amurallada

Por la tarde teníamos demasiado calor como para hacer grandes movimientos (nos pasamos el día aplatanados, entendemos que los indígenas no quisieran trabajar). Después de debatirlo un rato, decidimos no contratar el tour para ir a Playa Blanca el día siguiente: demasiado quemados del día anterior por lo que exponerse al sol de nuevo no era una opción y el plan de ir otra vez a un resort privado nos resultaba algo aburrido… así que nos dedicamos a buscar clases para el día siguiente y callejear por la ciudad. Junto a la plaza de Simón Bolívar y sobre el museo de las esmeraldas encontramos un balcón muy agradable donde tomar algo.

Para cenar, fuimos a una de las recomendaciones del hotel, el argentino Juan de la Mesa. No lo recomendamos comida muy grasa y servicio regulero.

Nuestro último día en Cartagena fue de actividades y la verdad, nos salió muy bien la cosa. Después de un paseo matutino (no sé por qué seguimos intentando autoconvencernos de que se puede mantener la dignidad dando paseos con este calor y humedad si a los tres pasos ya estamos bañados en sudor), fuimos a visitar la Iglesia de San Pedro Claver (o Pere Claver), patrón de los esclavos. Se trata de una iglesia jesuita y casa del santo adyacente convertida hoy en museo. Lo más bonito, los jardines del patio interior.

San Pedro Claver
Plaza San Pedro Claver

Finalizada la visita, nos fuimos a la Casa del Chocolate donde habíamos contratado un taller chocolatero.

Camila, una recién licenciada en psicología fue nuestra guía durante dos horas. Primero nos contó un poco de historia del chocolate. Empezó con el procesado del cacao. Nos mostró una réplica que tienen de la planta de cacao, que crece a +/- 20º sobre el Ecuador. El cacao son las semillas que están dentro del fruto que es una especie de mazorca. Se recogen las mazorcas, se sacan unas 30 semillas que se separan de un amasijo blanquecino dulce que también se puede comer y se pone a secar. Se tuesta, se pela y se separa el polvo de cacao de la grasa de cacao. Finalmente para hacer chocolate se vuelve a mezclar, pero variando las proporciones. En Colombia han decretado una ley que dice que si lleva menos del 30% de polvo de cacao (el chocolate blanco es solo leche, grasa de cacao y azúcar) se deberá llamar barra de grasa y no barra de chocolate; esto resultará conflictivo de cara al marketing del chocolate blanco.

En cuanto a la historia, nos contó el uso del cacao en la cultura de los mayas, donde era para la realeza y lo mezclaban con picante, miel y sangre para las grandes celebraciones. De ahí lo heredaron los aztecas, que lo utilizaron como moneda de cambio y se vendía caro, 30 granos de cacao equivalían a un conejo. Cuando llegamos los españoles, los conquistadores, primeramente no supinos qué hacer con él y lo llevamos a España para tirarlo. Fue Cortés cuando lo llevó a la corte para mostrar las bebidas de las tribus aztecas que fue aprobado por el rey, aunque cambiando lo de la sangre, añadiendo azúcar, canela y clavo.

Después del repaso cultural, empezó la parte divertida, la de hacer. Nos pusimos nuestros mandiles y manos a la obra: doramos nuestros granos de café en la sartén, los pelamos y separamos los nibs de la cáscara e hicimos tres bebidas típicas. Primero la maya (sin sangre, sólo colorante, harina de maíz, picante y miel), la española de los conquistadores (con leche, clavo y canela) y el té de cáscara de cacao. A mí la que más me gustó fue la de los españoles y a Claudio, la maya.

Cacao estilo maya
Mandiles

Como el procesado del grano para dividir la grasa de caco del polvo es bastante complicado y necesitábamos una máquina especial, nos dieron ya el chocolate mezclado (a mi al 70%, Claudio con leche) para hacer nuestras creaciones. Hicimos bombones con almendras, café, cacao, bolitas de colores… muy divertido todo, muy recomendable el taller si se tiene tiempo.

Repetimos comida en la Cevichería, porque es nuestro sitio favorito de Cartagena y esta vez no nos engañamos y los dos pedimos ceviche.

Por la tarde, más clases, más entretenimiento. Nos apuntamos a salsa en Crazy Salsa, un sitio que Claudio había encontrado por Internet. Estuvimos nosotros con una familia de americanos en la clase básica. El profesor tuvo mucha paciencia con nuestra descoordinación y aprendimos cuatro pasos básicos que quedan muy resultones una vez puesta la música.

Por fin he encontrado los bolsos guayús que me gustan (bolsos tejidos a mano por unas tribus indígenas, muy coloridos).

Y para cerrar nuestra experiencia cartaginesa, pasamos el resto de tarde y noche en el parque cercano al hotel, con música en directo, relajados y con un ambiente inmejorable. Le hemos cogido cariño a la ciudad.